Los ERE

El retorno de Maleni

Emilio Campmany

En esta cada vez más abarrotada y peor pagada cofradía de la columna, nunca hay muchas alegrías. Al contrario. Todo son reveses y desastres. Un día te tienes que empollar qué es eso del tax lease para averiguar que es un invento por el cual las empresas de construcción naval tenían el chollo de no pagar impuestos, un galimatías obra de la todopoderosa burocracia europea. Al otro, te tienes que aventurar embarcado en tu pobre cascarón en las profundidades de los piélagos del sistema fiscal para tratar de enterarte de qué hace la Agencia Tributaria cuando se encuentra con determinados DNI para descubrir que nada. Al tercero, te ves en la obligación de documentarte acerca de cómo se mueven capitales que abultan más que el trasero de Bridget Jones de Suiza a Nueva York y de Nueva York a Uruguay pasando por Islas Vírgenes, las Bahamas, Caimán y qué sé yo qué paraísos fiscales cuando a lo que nadie quiere responder es cómo pudo Bárcenas acumular semejante fortuna, esté donde esté, a base de ser el tesorero del Partido Popular. Y todas las semanas, hay que dedicar al menos una tarde a aprenderse los secretos de las cuentas públicas, que no son la cuenta de la vieja que hace el ama de casa, porque, si despides a empleados públicos, se te engolfa la partida del subsidio de desempleo y si cierras algunas de las muchas empresas inútiles que tiene el Estado, resulta que le metes un tantarantán al PIB. ¡Con lo bien que lo pasábamos con Maleni cuando decía eso tan gracioso de que ella se presentaba por la "ciruncisión" de Málaga!

Y como Dios aprieta, pero no ahoga, aunque a veces parezca que lo que hace es que aprieta, pero no afloja, hete aquí que tenemos de vuelta a nuestra Maleni, la musa del analista, la diosa del articulista, la patrona indiscutible de la cofradía de la columna, la que ha de poner tasa a las eternas horas frente al ordenador. Tendremos ahora tiempo de disfrutar de esa cañita a la que siempre están dispuestos a invitarnos los sindicalistas. Podremos quizá, tras vender las joyas de la abuela, irnos un sábado con la familia, que tanto nos echa de menos, a darnos una comida, si no como las mariscadas que acostumbran en IU, al menos con palomino de añadidura. Disfrutaremos viendo cómo juegan a la petanca en los parques prejubilados que frisan los cincuenta. Saldremos a pasear por este Madrid derrochón y farolero que desavisado e insensato espera ilusionado que le caiga la desgracia que será tener que organizar los Juegos Olímipicos de 2020.

Para todo habrá ya tiempo ahora que, gracias a Dios, ha vuelto Maleni. El artículo, la columna, el comentario saldrá solo del ordenador. En un pispás. Se escribirán sin esfuerzo miles de folios, se rellenarán sin necesidad de pesados estudios previos miles de horas de tertulia en la radio a cuenta de la última sansirolada de la incomparable, inigualable e inimitable Maleni Álvarez. Que Dios la bendiga.

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