El reino de las dos varas

Emilio Campmany

La carrera política de José Manuel Soria ha terminado. Sin embargo, no deja de ser paradójico que fuera precisamente Soria quien le sacó los colores al ministro responsable de recaudar lo que sus empresas dejaron de ingresar gracias a estar domiciliadas en paraísos fiscales. Conviene hoy recordar aquella reunión en la que Montoro sacó de la cartera un informe con el membrete de Hacienda en el que se exponían las muchas razones que había a juicio de los técnicos del ministerio para continuar subvencionando a las renovables. Soria pidió que le permitiera examinar el sesudo informe y descubrió que era idéntico a otro que había leído poco antes y que le había remitido Abengoa, precisamente la empresa que se beneficiaría con miles de millones de nuestros impuestos si se hiciera caso al informe.

Fue escandaloso que el ministro de Hacienda defendiera los intereses particulares de una empresa identificándolos con los intereses generales de los españoles. Más escandaloso todavía fue que tratara de ocultar esa identificación presentando como oficial un informe en realidad elaborado por la citada empresa y esgrimiera como técnicos unos argumentos que eran de parte. Y todavía lo es más que nadie investigara qué interés podía tener Montoro para defender como ministro los intereses particulares de Abengoa como si fueran los de España, y si lo hizo por simple amistad o estimulado por otra clase de incentivos.

Ahora le ha tocado el turno a Soria y tendrá que dimitir por haber recurrido al expediente de tener una o varias sociedades en paraísos fiscales para no pagar impuestos. Bien dimitido estará. Pero más grave que llevar los propios negocios defraudando a la Hacienda Pública es dirigirla para defender los intereses de una empresa privada que vive de las subvenciones que se pagan con el dinero que esa misma Hacienda recauda en vez de dedicarse a defender los intereses de todos los españoles. Y sin embargo el primero está en trance de dimitir y al segundo ahí lo tienen, pontificando acerca de la igual aplicación de las leyes tributarias, que es para contestarle que por eso está la Pantoja en la cárcel mientras Hacienda le admite a la empresa de la infanta facturas obscenamente falsas y que por eso encarcelan incondicionalmente a Mario Conde mientras los Pujol campan a sus anchas sin tener siquiera que prestar fianza.

Y en mitad del jaleo y el alboroto, Pedro Sánchez fardando de ética y diciendo que él no consentiría tener en su Gobierno ministros que tuvieran empresas off shore. No, él se conforma con tener en su partido expresidentes de la Junta de Andalucía a cuya ciencia y paciencia se robaron cientos de millones de euros. No se da cuenta de que la corrupción del PSOE no es que no exista, es que ya no es noticia por acostumbrada. La del PP al menos todavía sorprende.

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