Negociación con ETA

El regreso de Mayor Oreja

Emilio Campmany

Jaime Mayor Oreja era uno de los miembros de la terna oficiosa que Aznar tenía en el cuaderno azul cuando estaba en trance de proceder al dedazo. Como no fue el elegido, buscó su Aventino en la Eurocámara.

Ser cabeza de lista en las europeas de 2004 era una forma lógica de hacer mutis y dejar solo en la escena a Mariano Rajoy. Sin embargo, éste perdió las elecciones de 2008 y, tras caerse del caballo camino de México, empezó a cerdear. Surgieron posibles sucesores. Una derrota en las europeas de 2009 le hubiera podido obligar a dimitir. Para el electorado crítico del PP, la ocasión era propicia porque las consecuencias de una derrota en las europeas no son graves para el partido y en cambio sirve para demostrar el poco aprecio que los electores tienen por el líder si es que quieren expresarlo.

El sector del PP descontento con Rajoy era a la vez el más afín a Mayor Oreja. Debido sobre todo a que éste no compartía con sus compañeros la compresión que éstos mostraron hacia la supuesta nueva política antiterrorista del Gobierno a partir de las elecciones de 2008. Para esa parte del electorado del PP que exigía a Rajoy mayor rigor con el Gobierno en relación con ETA, Mayor Oreja era un referente.

Rajoy sabía que ese sector era el que podía aguarle las europeas, el último escollo para asegurarse ser candidato del PP a la presidencia del Gobierno en 2012. Era esencial ganarlas. Para lograrlo, qué mejor que poner un cabeza de lista que fuera querido por el electorado más crítico. Lo natural era que lo fuera Mayor Oreja, que lo había sido ya en las anteriores. Encima, la decisión tenía la ventaja de que, si la derrota llegaba, la culpa podría atribuirse a la dureza de las posiciones del cabeza de lista ahora que los españoles preferían otras más blandas, como las que se supone representaba el propio Rajoy. Si, por el contrario, el PP ganaba las europeas, el jefe se apuntaría el tanto y nadie osaría sugerir su relevo después de haber vencido en unas elecciones de ámbito nacional, como así efectivamente ha ocurrido.

De modo que, es muy lógico que Rajoy eligiera a Mayor Oreja. Lo que no lo es tanto es que el elegido se prestara al juego. No tenía nada que ganar. Le habrían atribuido la derrota y la victoria sería de Rajoy. Encima perdería la posibilidad de ser relevo del gallego para el caso de que se abriera la crisis de la sucesión por haber sido su candidato para las europeas. Sin embargo, se dejó llevar.

Pues bien, su reciente denuncia de que el Gobierno debe de seguir negociando con ETA le reivindica como alternativa a Rajoy dentro del PP. No tanto por denunciarlo como por haberse desmarcado de él la mayoría de los líderes del PP. Lo han hecho por miedo a ser tildados de miserables por los dirigentes del PSOE y ser acusados de no colaborar en la lucha antiterrorista. Pero el que sus compañeros hoy se aparten de él como si fuera un apestado lo convertirá mañana en el candidato obvio a suceder a Rajoy si, como es lo más probable, resulta que tiene razón.

El caso es que, si este PP blandito y moldeable descarrila, ahí está de nuevo Mayor Oreja como una opción razonable para hacerse cargo del partido. Es una gran noticia.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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