El PSOE de siempre

Emilio Campmany

La propuesta de Pedro Sánchez de que España se transforme en una "nación de naciones" ha sido acogida por algunos con inquietante satisfacción. El que el nuevo secretario general del PSOE añada que la soberanía única del pueblo español no está en discusión ha permitido a no pocos ver en ella una posición intermedia entre el Gobierno del PP, que no admite negociación alguna sobre la división de la soberanía, y los independentistas catalanes, que exigen el derecho a decidir.

El País dice que la propuesta es contradictoria. Es peor que eso. Si lo que pretende Pedro Sánchez es que la Constitución reconozca la existencia de naciones distintas de la española sin otorgarles soberanía para decidir su futuro, no estará dando nada que nuestra Constitución no haya dado ya. Algo que, por otra parte, ya sabemos que en absoluto contentará a los independentistas. Si, por el contrario, lo que pretende es arbitrar una fórmula que de un modo u otro otorgue a Cataluña el derecho a ser una nación diferente de España, será tanto como reconocer que su pueblo es soberano para decidir su futuro.

Parece que el PSOE de Pedro Sánchez trata de reconstruir la tradicional alianza de izquierdas y nacionalistas concediendo a éstos lo que el Estado unitario franquista les negó. Todo eso podría tener algún sentido si no fuera porque todo lo que pudieron estar dispuestas a conceder las izquierdas ya fue concedido durante la Transición. A los independentistas ya no les queda nada por pedir que no sea la independencia. Y al Gobierno de España, sea del PP o del PSOE, no le queda ya otra cosa que conceder que no sea esa misma independencia. Si no es en eso en lo que está pensando Pedro Sánchez, su propuesta es inútil. Y si lo que tiene en mente es lo que los independentistas quieren, lo que propone implica la destrucción de España.

La cuestión esencial es que la soberanía no se puede trocear, no se puede dividir ni se puede compartir. Sin embargo, ni en el PP ni en el PSOE tienen claro en qué consiste la soberanía. Lo demuestra el que ambos asuman como propia la solución de la cosoberanía para resolver el conflicto de Gibraltar. Si la soberanía puede compartirse en Gibraltar, ¿por qué no compartirla también en Cataluña? Sin embargo, la verdad es que quien es soberano no puede compartir la soberanía con nadie porque ya no sería soberano y dependería de lo que quisiera aquel con quien la comparte.

En España, cuando hay una cuestión de Estado, como sin duda es el desafío separatista, el PSOE siempre trata de distanciarse de lo que defiende el PP, mucho más cuando éste gobierna, sin importar cuán perjudicada resulte España. Lo hemos visto muchas veces, aunque no siempre, con el terrorismo. Y lo estamos viendo ahora con el jaque separatista. Los hay que se alegran de ver cómo Sánchez traerá el PSOE de siempre. Será el de siempre, pero sin que haya motivo para alegrarse.

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