Hípica

El perro del hortelano

Emilio Campmany

En España no hay carreras de caballos debido a un conflicto jurídico más ininteligible que un discurso de Zapatero. Sin embargo, más allá de los detalles, es posible entrever al culpable. Y resulta ser el de siempre, Montoro. Las carreras de caballos sólo pueden vivir de las apuestas o de la subvención. Cuando se reabrió el hipódromo de La Zarzuela, en 2005, se hizo cargo de los gastos Loterías y Apuestas del Estado (LAE), que depende de Hacienda, con la esperanza de que con el tiempo ganaría dinero. Transcurridos 10 años, no sólo no lo gana, sino que lo pierde. De manera que las carreras han sobrevivido en España gracias a la subvención pública a través de LAE. Es natural que muchos españoles se opongan a que se destine dinero público a financiar carreras de caballos. No obstante, si se financian películas que nadie va a ver, libros que nadie lee, si Hacienda tolera que los clubes de fútbol retrasen el pago de sus deudas fiscales, si se subvencionan en mayor o menor medida decenas de deportes minoritarios bajo el pretexto del olimpismo, no creo que nadie deba rasgarse las vestiduras por que se subvencionen también las carreras de caballos.

Pero, en cualquier caso, esa no es la cuestión. La cuestión es que LAE es incapaz de sacarle dinero a las carreras. Y no es ninguna sorpresa. Si no sabe cómo evitar la caída de la quiniela, si lleva años demostrándose incapaz de competir en el campo de las apuestas cotizadas (las que ofrecen habitualmente las casas privadas), si sólo ofrece juegos que rayan la estafa, donde se ofrecen premios muy altos pero con una desproporción enorme entre la probabilidad que hay de ganar y lo que finalmente cabe cobrar, ¿cómo puede esperarse que sea capaz de gestionar un juego donde la clave es destinar a premios un porcentaje muy elevado de lo recaudado a la vez que se ofrece un buen surtido de apuestas sencillas?

El caso es que LAE no sabe ganar dinero con los caballos. Y se ha cansado de subvencionarlos. Bien. A lo mejor en España no somos bastantes los aficionados a las carreras para que con nuestras apuestas puedan sobrevivir. Y sus profesionales, que tienen a su cargo 3.000 familias, tendrán que emigrar o dedicarse a otra cosa. Pero ¿por qué no dar la oportunidad a que el sector privado gestione las apuestas de carreras de caballos en España? A lo mejor no da para criar caballos tan buenos como los que hoy tenemos, y que compiten con éxito fuera de nuestras fronteras, entre la indiferencia de los medios, pero quizá pueda vivir de ello un modesto turf nacional que dé trabajo a esos fantásticos profesionales que tenemos y que con tanto desprecio tratamos. ¿Por qué no se le da esa oportunidad? Pues por temor a que surja una nueva competencia a LAE. En todos los sitios donde la industria del juego florece, y en España lo hace, las carreras de caballos constituyen una importante tajada. La única forma de impedirlo y evitar que LAE vea cómo sigue disminuyendo su trozo del pastel y se perjudica su futura privatización es que no haya carreras. Y a los aficionados que podríamos financiarlas con nuestras apuestas y a los profesionales que podrían vivir de ellas que les den morcilla. Y, naturalmente, el responsable no podía ser otro que Montoro. ¿Quién si no?

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