El papel del rey

Emilio Campmany

Todo apunta a que habrá nuevas elecciones. Sin embargo, cabe esperar que las formaciones a las que no conviene que las haya se esfuercen por evitarlo. Y al contrario, que aquellas a las que conviene se cierren en banda y no admitan otra solución que convocarlas. Es obvio que a Podemos le favorece una nueva convocatoria. Por eso es el partido que más alto ha puesto el listón para poder contar con ellos. Tampoco cabe duda de que al PP de Mariano Rajoy le interesa que se vuelva a votar, porque, ante el previsible ascenso de Podemos, cuenta con que vuelvan a él los aterrados votantes que osaron huir a Ciudadanos. A nadie se le oculta lo mucho que beneficiaría a Rajoy unas elecciones en las que no hubiera más alternativa que Pablo Iglesias o él. A Ciudadanos no le conviene en absoluto que haya una nueva convocatoria en la que no tendría más futuro que perder respaldos de los relativamente pocos que ha conseguido. Es lógico que sea quien más se esfuerce en facilitar una solución, aunque a la vez sea quien menos falta hace para alcanzarla.

Queda el PSOE. El resultado obtenido es probablemente el mejor que puede conseguir Pedro Sánchez. Lo lógico es que en unas nuevas elecciones perdiera apoyos en favor de Pablo Iglesias tras comprobarse que no es capaz de recabar los suficientes para formar gobierno con el respaldo de Podemos. Sin embargo, Susana Díaz parece empeñada en negar su beneplácito a ninguna solución que permita formar gobierno y evite una nueva convocatoria. Y sin su plácet nada puede hacer Sánchez, porque los 25 diputados socialistas andaluces son obedientes a la presidenta de la Junta y no a él. Tal intransigencia puede deberse a que, en caso de haber nueva convocatoria, Díaz esté en disposición de forzar el que sea ella la candidata y recuperar para el PSOE varios cientos de miles de votos perdidos.

Admitamos pues que a Sánchez no le está permitido investir a Rajoy porque se supone que lo tiene por un indecente y porque no le va a dejar Susana Díaz. Aceptemos que no le van a dejar tirarse al monte con Podemos y los independentistas. De ser ciertas estas dos premisas, la única posibilidad que tiene Sánchez de sobrevivir es acordar con Rivera un candidato que, siendo inequívocamente del PP para que el Grupo Popular no pueda votar en contra, sea a la vez aceptable para ambos. En caso de que se pusieran de acuerdo en un nombre, el paso siguiente será convencer al rey para que lo presente al Congreso como posible presidente del Gobierno en contra de la vehemente oposición de Rajoy y de la acusación de estar proponiendo a alguien que carece de legitimidad por no haber sido votado en las urnas como candidato. Ésa es la difícil papeleta en la que puede verse Felipe VI en ésta, la primera ocasión en la que tiene que cumplir su función de proponer un candidato a la presidencia del Gobierno tras unas elecciones.

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