Anson

El necrólogo impertinente

Emilio Campmany

Este último miércoles, la centralita de Libertad Digital se vio congestionada de llamadas telefónicas de lectores y admiradores de Luis María Anson que deseaban le transmitiéramos sus felicitaciones por el noble artículo publicado en El Mundo. En él, el académico nos cuenta cómo él solito salvó al ABC de la torpe gestión de Guillermo Luca de Tena. Nos narra también el excelso escritor cómo salvó al pobre Guillermo de las garras de los banqueros. Y finalmente nos explica cómo ABC tuvo que ser finalmente vendido al mejor postor tras dejar Anson de vigilar al manirroto Luca de Tena.

Y si el hombre se dedica a hablar así de quien le hizo director de ABC ¿dónde está su nobleza? Pues la nobleza está en, como él dice, haber estado callando todo esto y mucho más durante doce años y haber tenido la santa paciencia de esperar a que Guillermo Luca de Tena se muriera y no pudiera contestarle. No sólo, sino también reside en socorrerse de lo que dejó escrito otro fallecido, Rafael Pérez Escolar, que jamás habría suscrito el fondo, la forma ni la oportunidad del artículo, pero que hoy no puede afearle la conducta de extractarle lo que escribió de Guillermo cuando éste estaba vivo precisamente ahora que está muerto.

En defensa de Anson puede decirse que del único que habla bien de verdad es de sí mismo y que, por lo tanto, no cabe esperar de él muchos halagos si se está vivo y no se es poderoso. Mucho menos cabe hacerlo, por tanto, si lo que se está es muerto. Al parecer, tiene motivos para ser así. Según él, no ha habido otro cronista, otro enviado especial, otro director de periódico que pueda igualársele. Hasta tal punto es así que el autor más citado en sus artículos es él mismo. Porque todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá ya ha sido advertido por él y no está de más recordar, ya que no lo hace nadie más, que él ya lo había dicho.

Guillermo Luca de Tena era un caballero. Quizá no sea mucho, pero es más de lo que pueden decir otros. Quizá le fuera innato o quizá le obligara su apellido o lo más probable es que fueran las dos cosas a la vez. Su abuelo, Torcuato Luca de Tena, con ese apellido, pudo haber rechazado el marquesado que le ofreció Alfonso XIII con las mismas palabras que Eduardo Miura, diciendo que él con llamarse Torcuato Luca de Tena tenía más que de sobra. Sin embargo, tuvo la humildad de aceptarlo.

El único valor que Anson tiene la caridad de reconocerle al gran señor que fue Guillermo Luca de Tena es el de haber sido leal al Rey, que es cosa que al parecer siempre ha valorado mucho. Francamente, es lo que menos importa de su biografía. Lo relevante es que fue un señor dentro y fuera de la redacción.

Yo, como no soy tan noble como Anson, voy a decir lo que opino de él sin esperar a que se muera. Es un discreto director de periódicos, un mediocre periodista y un pésimo escritor. El que no escriba con faltas de ortografía como quien le acompañó en su ingreso en la Academia tan sólo le hace mejor que Juan Luis Cebrián, que eso y nada es lo mismo. Pero lo que importa es que, como persona, al buen hombre que fue Guillermo Luca de Tena no le llega a la altura del zapato.

Hay más, pero eso queda para otra ocasión.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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