Pedro Sánchez

El náufrago loco

Emilio Campmany

Una de las características del sistema español es que los dos grandes partidos siempre han preferido atacarse mutuamente antes que unirse contra los disolventes partidos nacionalistas. La razón estriba en que CiU, el más poderoso de ellos, hace la función de bisagra y nadie en el PP o el PSOE quiere enemistarse con alguien que podría ser necesario en el futuro para mantenerse en el Gobierno. De hecho, es posible que el problema de España no sea el bipartidismo en sí, sino ser un bipartidismo donde quien tiene la función de completar las mayorías es un partido desleal desde el principio con el propio sistema del que extrae su fuerza.

Pedro Sánchez llega a la secretaría general del PSOE en un momento en el que su partido se encuentra en trance de ser irrelevante. Y siendo como es joven y relativamente nuevo, prefiere sorprendentemente seguir recurriendo a las viejas tácticas del PSOE que hoy son suicidas. Empezó reivindicando las figuras de Felipe González y Zapatero, en vez de pasar por ellas con un piadoso silencio. Sigue ahora protegiendo la gestión de Chaves y Griñán cuando, aunque el Supremo no encuentre pruebas para condenar a los dos expresidentes de la Junta de Andalucía, nadie puede negar su ominosa responsabilidad política en el caso de los ERE. No se olvide que el latrocinio se estuvo perpetrando a ciencia y paciencia de los dos acusados durante años y no hicieron nada a pesar de las muchas advertencias que recibieron. Ahora, con ocasión del escándalo de Jordi Pujol, en vez de preocuparse de averiguar el monto de la corrupción de CiU que el patrimonio de Pujol evidencia prefiere emplear el escándalo para debilitar al PP.

No puede tener otro sentido el llevar al Congreso de los Diputados el caso Pujol para sacarle los colores a Montoro con lo de la amnistía fiscal de los inicios de la legislatura. Es posible que aquella amnistía fuera en efecto un escándalo que ha permitido a miles de defraudadores ponerse a bien con Hacienda a un coste relativamente bajo. Y es posible asimismo que entre esos defraudadores estén algunos de los Pujol. Pero, en el caso del líder nacionalista, francamente, lo de menos es que se haya o no acogido a la amnistía, o incluso que haya defraudado tanto o cuanto. Lo tremendo del caso es el lugar de donde ha salido el dinero que acumulan él y sus hijos, y que no puede ser otro que nuestros bolsillos. No es lo mismo dejar de pagar a Hacienda que atracar las arcas públicas, por mucho que ambas conductas sean censurables. Y, por otra parte, si el PP hubiera estado protegiendo a Pujol, no habría estado haciendo más de lo que el PSOE hizo desde los tiempos de Banca Catalana.

Pedro Sánchez es un náufrago en un bote con varias vías de agua que no para de dar brincos sobre la frágil chalupa, a ver si se hunde de una vez. Como nadie lo sujete, lo conseguirá.

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