El mundo al revés

Emilio Campmany

Desde que ocurrió la conjunción planetaria, esto es, la coincidencia de Obama y Zapatero como principales mandatarios del mundo, éste está completamente del revés y nada es lo que parece, sino todo lo contrario. A los terroristas ya no se les combate, se les conmina a dejar de serlo por medio del diálogo. La guerra ya sólo es tolerable si no hay muertos. Y si por cualquier razón no tiene más remedio que haberlos, que sean de los nuestros, porque lo que no puede ser es que muera el enemigo. Y, en último extremo, si ha de haber guerra, perdámosla cuanto antes, para que enseguida llegue la paz. Los republicanos, después de hacerse neocons, se vuelven aislacionistas y los demócratas, después de haberse hecho socialistas, se declaran intervencionistas. Los escoceses ya no quieren ser británicos para poder seguir siendo europeos y los ingleses les dicen que para ser europeos tienen que ser británicos. Y luego en Westminster amenazan con querer irse todos de Europa. A los franceses, el terrorismo les hace atlantistas, mientras que a los americanos les hace renegar de la OTAN.

Aquí no estamos mejor. Al expresidente cuyo Gobierno organizó una banda terrorista se le escucha como si hablara el mismísimo oráculo de Delfos. Y el que derrotó a la ETA con la ley y la Constitución en la mano sufre vilipendios y humillaciones miles y por supuesto, como a un apestado, nadie le escucha, empezando por los de su propio partido. Un exjefe del Estado Mayor niega las soluciones militares aunque mataran a quien juró defender con su vida. A la vez, veinte españoles que no juraron nada se alistan para combatir al ISIS con esas armas a las que el militar no quiere recurrir. Los comunistas representan el progreso, la modernidad, el cambio, las velitas, el arco iris, la gente. Y quienes defienden la libertad son ultras, fascistas, cavernícolas que tan sólo quieren condenar al pueblo a la pobreza. Los ignaros pontifican mientras los peritos callan. Los zotes gobiernan con la ayuda dolosa o al menos la omisión culpable de juristas y economistas que auxilian a los torpes para que más fácilmente puedan retorcer los principios y leyes que gobiernan ambas disciplinas. Los sabios soportan sordina a sus argumentos. Y los mentecatos disfrutan de amplios altavoces. La ocurrencia es genialidad, la trapacería, astucia, la indolencia, dominio de los tiempos y la petulancia, ciencia. Ya sólo falta que Mr. Bean haga una película en serio.

Menos mal que todavía hay cosas que nunca cambiarán y todavía es posible secuestrar un avión sólo por amor.

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