ZP

El malvado sansirolé

Emilio Campmany

Pavor da leer el publirreportaje que El País le ha hecho a nuestro presidente. Pero, antes que el pavor, lo primero que embarga al lector es el alipori. El autor de la incensada, José Luis Barbería, es más cursi que Laura Ingalls con bata de cola. Vean si no como empieza: "El adolescente que imitaba ante el espejo los ademanes y la abovedada voz de Felipe González se mira ahora en las doradas lunas del palacio de la Moncloa y encuentra a un hombre de rostro angulado, expresión seria, bolsas en los ojos y mirada rígida". No sé si Zapatero tendrá algo rígido, pero eso no será la mirada, que, de ser algo, será vacía. Y lo de tener una voz abovedada no se lo han dicho a Felipe González ni cuando la mitad de las españolas querían un hijo suyo.

Luego, el periodista descubre la pólvora citando a un antiguo colaborador de ZP que prefiere permanecer en el anonimato: "Lo que mejor caracteriza al presidente es su vocación de poder. Supedita todo al supremo objetivo de ganar las elecciones". Hasta ahora ninguno habíamos reparado en ello.

Pasado el alipori, llega el pavor. Da como siempre miedo oír la serie de frases huecas, afirmaciones insustanciales y soberanas obviedades que habitualmente dice el presidente, como "que hay que hacer análisis con las luces largas (a saber quién le ha suministrado la metáfora) y que no te puedes atar a las cosas coyunturales". Tiene guasa que lo diga él, que vive permanentemente, no atado, sino pegado a la coyuntura. También lo da cuando señala entre sus logros la retirada de las tropas de Irak, un acto ignominioso, vergüenza de nuestro Ejército, que ha dañado irremisiblemente nuestro prestigio exterior.

Luego vienen las emociones fuertes y horripilado se queda uno al leer que el sujeto se reconoce a sí mismo el acierto del proceso de paz. ¿Cómo puede llamar acierto a un proceso que descarriló antes de culminar? Sobrecogido quedará quien lea la explicación: "Tengo la convicción de que ahí se sembró una solución definitiva. Tengo esa confianza". O sea, que el proceso de paz será un acierto suyo cuando finalmente culmine. Al menos, en eso confía el insensato. Qué razón tiene Mayor Oreja cuando afirma que el proceso sigue. Y cómo miente Rubalcaba cuando lo niega.

Por si fuera poco, cuajado queda quien lea que ZP aspira a pasar a la historia "como el presidente que (...) transformó la economía", y lo dice como quien manifiesta la intención de sacarse el título de perito mercantil. ¿Y en qué dirección quiere transformarla? No lo dice. Se limita a fijar el tiempo que va a emplear en hacerlo, que iba a ser cinco o seis años, pero que con la crisis ha decidido que lo hará en uno. O sea, que está diciendo en serio que se propone transformar la economía de la novena potencia económica mundial en un año.

Por si todo esto no provocara suficiente canguelo, ahí va la última perla: "No tengo una sensación de soledad. Soy un presidente comunicativo que habla mucho con los ministros y los dirigentes del partido. Y hablando de soledad, he tenido durante estos años la gran satisfacción de contar con el concurso del Rey, no sólo en el plano político, sino también en el personal. Ha sido muy importante para mí, le tengo un gran reconocimiento". Les digo que de esta no hay santo que nos salve.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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