Oriente Medio

El mal acuerdo con Irán

Emilio Campmany

Zapatero siempre pareció un bien intencionado izquierdista corto de luces y escaso de lecturas. Luego resultó tener menos luces, lecturas y buenas intenciones de lo que pensamos y ser mucho más de extrema izquierda de lo que aparentó. Su herencia sigue lastrando el presente y el futuro de España, aunque en su disculpa quepa alegar que su sucesor no ha hecho nada por sacudírsela y sigue perdonando a ETA, financiando a los independentistas catalanes y jugando a la alianza de civilizaciones. Sin embargo, la Divina Providencia ha querido consolarnos mostrándonos como los otrora poderosos norteamericanos tienen que soportar a un sujeto casi clonado a partir de un gen robado a Zapatero. Es la única explicación a lo mucho que se parecen los dos cuando hablan de sus abuelos o dicen alguna patochada. Ese izquierdismo extremo edulcorado con trazos naif y sonrisas vacías fue con el que Zapatero dio a la ETA buena parte del poder político que tiene hoy en el País Vasco y es con el que Obama cerrará este martes un desastroso acuerdo con Irán que permitirá que la república islámica tenga a medio plazo su ansiada bomba atómica.

Es verdad que, hiciera lo que hiciera Obama, Rusia y China ansiarían igualmente acordar lo que sea y levantar las sanciones económicas a Teherán. También lo es que, pensara lo que pensara el inquilino de la Casa Blanca, la independencia energética que está a punto de lograr Estados Unidos hace que, al no depender del petróleo de Oriente Medio, la posición negociadora de Washington sea relativamente débil, al no tener un obvio interés nacional con el que justificar una posición intransigente ante su opinión pública. No menos lo es que, diga lo que diga el presidente demócrata, el surgimiento del Estado Islámico suní y la extensión de su amenaza han hecho que el Irán chií sea visto, si no con simpatía, sí con más indulgencia. El caso es que, sea por los muchos pájaros que tiene Obama en la cabeza, sea por las nuevas realidades geoestratégicas, Estados Unidos está en retirada de Oriente Medio. Lo prueba no sólo el desencuentro con el recién reelegido primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. También el hecho insólito de que Francia esté manteniendo en las conversaciones de Lausana una postura más firme que la de los propios Estados Unidos. Y no es un presidente republicano, aislacionista, harto de aventuras, obsesionado con recortar el presupuesto, quien está encabezando esta retirada. Lo está haciendo el presidente demócrata más izquierdista que jamás haya tenido aquel país.

En Israel cuentan los días que le quedan de ser presidente. Sin embargo, no cabe duda de que le va a dar tiempo de sobra a llegar a un mal acuerdo con Irán y a tolerar que los ayatolás dominen a buena parte de sus vecinos y amenacen al resto. La cuestión es si quien le suceda, sea demócrata o republicano, hará algo por arreglar este desastre o, como nos pasó a nosotros, aceptará la herencia sin rechistar y sin beneficio de inventario.

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