Alfonso Guerra

El ingenioso alcanzado

Emilio Campmany

Ya es oficial. El PSOE está de liquidación por derribo (o "dorribo", quién sabe). Lo demuestra el que Rubalcaba le haya quitado el bozal a Alfonso Guerra y lo haya azuzado contra todo lo que se mueve. Es una pena. En la izquierda siempre han andado faltos de ingenio, cortos de ocurrencias y ayunos de gracia. Lo más que saben hacer es juegos de palabras del estilo de la que yo he hecho con el apellido del empresario que acusa a Blanco de recibir sobornos, como la de llamar a Pedro Jota Pedro Jeta. Eso lo aprendieron a base de estudiarse el diccionario de José Luis Coll, quien, para ser de izquierdas, no lo hacía mal. Fue Felipe González quien empolló con más provecho, que para eso jugaba al billar con Coll, y por eso se le ocurren cosas como lo de llamar a Federico Jiménez Losantos "Losdemonios" o a El Mundo, "El Inmundo".

Digo que es una pena porque, entre tanta medianía, Alfonso Guerra destacaba. Lo de "Carlos II vestido de Mariquita Pérez" es notable y lo de "víbora con cataratas" no está nada mal, muy por encima de su jefe y del resto de compañeros. Lamentablemente, lustros de contención, años de silencio y legislaturas enteras sin estrenarse han acabado con su ingenio, que lo tenía. Ahora, lo que se le ocurre es insinuar que la juez que se ocupa de los fondos de reptiles administrados por la Junta de Andalucía, y repartidos con generosidad entre barandas de la militancia, es o fue amante del actual alcalde de Sevilla. Ni siquiera lo dice a las claras, lo sugiere como haría un cacique de pueblo en el casino bisbiseando entre latigazo y latigazo de anís.

Tiene delito que sea un socialista quien acuse a una funcionaria de tener una relación no bendecida con quien le dé la gana. Tiene condena hacerlo para desacreditar cómo desempeña su función la juez. Pero lo que es completamente intolerable es que lo haga sin gracia. El Guerra podría haber hecho una broma cruel, machista o injusta, pero, de haber sido realmente ingeniosa, habría tenido alguna eficacia. Así, no deja de ser una grosería de la que no cabe más que pedir disculpas porque, en cuanto al fondo, no hay nada. Supongamos que la juez tiene o ha tenido esa relación con el alcalde. ¿Y qué? Allá ellos. ¿O es que Guerra pretende que los jueces que tienen una pareja que sea del PP no puedan juzgar a un socialista?

La cosa tiene bemoles si nos acordamos de que Antonio Pedreira, que es el juez encargado de la Gürtel, antes de ser juez por no sé qué turno, fue abogado del Grupo socialista en el Ayuntamiento de Madrid, y en el PP nadie, por lo menos nadie de la importancia equivalente a Guerra, ha dicho ni pío.

Alfonso Guerra echando venablos y sin gracia. Lo dicho, están de liquidación por derribo (o "dorribo", quién sabe).

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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