El guionista canónico

Emilio Campmany

La mayoría de los amantes del cine aceptan de forma natural que muchas veces se sepa lo que va a pasar en una película. Es evidente que los guionistas recurren una y otra vez a las mismas técnicas narrativas de eficacia probada. En la vida, en cambio, rara vez las cosas ocurren conforme a un guión escrito por nadie. Los planes no suelen cumplirse. En el caso extremo de la guerra, que es donde más se hacen, Clausewitz decía que todos saltan por los aires al primer contacto con el enemigo. Y, sin embargo, desde que en Génova supieron gracias a las encuestas que los electores del PP los estaban abandonando en masa, alguien, probablemente Arriola, escribió un guión en el que al final se recuperaban. Hasta hoy se va desarrollando como en una película obra del más hábil artesano de Hollywood.

¿Qué hará que el votante huido del PP vuelva? El miedo. No el miedo a los socialistas, tras demostrarse posible el sobrevivir a Zapatero. Hacen falta los comunistas. Pero no los desdentados de IU, que no asustan ni a las madres, sino unos comunistas de nueva forja. De repente, los de Podemos empezaron a aparecer en todas las televisiones, irrumpieron en las europeas y ahora entran en ayuntamientos y parlamentos autonómicos. El guión dice que basta dejarlos gobernar para que esos altaneros desertores, indignados con la corrupción, ansiosos de una Justicia despolitizada, hartos de la obsequiosidad con que se ha tratado a ETA y al separatismo catalán, vuelvan a votar al PP. El miedo que provoque ver lo que hacen los comunistas cuando están en el poder los arrastrará hasta las urnas humildes y sumisos como corderos.

Hay además una subtrama en este guión canónico escrito por Arriola. Había que evitar que a nadie se le ocurriera intentar recuperar a los electores del PP con un candidato más atractivo del que hoy hay. Para eso, el guionista ideó la deslegitimación de todo aquel que tuviera un nombre. La exposición a escarnio público de Rato liquidó de golpe a todo el PP de Aznar. Al expresidente lo callaron de un plumazo recordándole unos emails de Blesa. Y a Esperanza Aguirre la engañaron ofreciéndole ser candidata al Ayuntamiento de Madrid sin advertirle de que no la dejarían vencer, filtrando su declaración de la renta si necesario fuera, porque en el guión estaba que ganaría Podemos. Cuando alguien propone, da igual que sea en Génova o en el bar de la esquina, sustituir a Rajoy, siempre surge el mismo problema de que no hay con quién. Ahora sólo falta que el último acto del guión se confirme y el PP vuelva a ganar las elecciones generales gracias a los votos de los que en su día asqueados desertaron. Pero ¿y si las arcadas son tan insoportables que no vuelven? Allá nosotros, pensará el guionista. Lo que estaba previsto que fuera una película de suspense se convertirá en una de terror. Los espectadores eligen.

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