ETA

El gudari disimulado

Emilio Campmany

Estos días hemos sabido que la izquierda abertzale exige una compensación por los sufrimientos padecidos a cuenta del conflicto. Esgrimen no sólo razones de justicia, sino también prácticas. Si el Estado se empeña en que haya vencedores y vencidos, éstos, o sea, ellos, no aceptarán la solución y volverán tarde o temprano a atentar.

Incluso aceptando que lo de la ETA sea un conflicto, el argumento es falaz. El vencido volverá a las andadas sólo si no ha sido definitivamente derrotado. Ocurrió con Alemania, que, por no ser del todo doblegada en 1918, volvió a las andadas en 1939.

Pero, dicen más cosas. Reconocen haber causado daño, pero que las víctimas del Estado ya han recibido suficiente compensación por parte de éste. Ahora, que llega el momento de la paz, toca compensar también a los del otro bando, el etarra. Esto contradice aparentemente todo el discurso de la ETA desde su fundación. En ninguna guerra, que es lo que se supone la ETA está librando, ha reclamado un bando ser indemnizado por el otro. Tales reparaciones, cuando han existido, las ha habido porque el vencedor las ha extraído del vencido a la fuerza. En caso de un empate, o de una relativa derrota, que es el escenario en el que a los abertzales les gusta aparentar que están, cada bando se ocupa de sus víctimas. Si ellos son un bando, como afirman ser, que lo sean con todas sus consecuencias y que "resarzan" a sus "víctimas" con su dinero. Aceptar como vencidos el pago de reparaciones por parte del Estado sería tanto como admitirse súbditos de ese Estado. Salvo... salvo que en el fondo se tengan por vencedores y no estén exigiendo otra cosa que no sea las reparaciones a las que se creen con derecho bajo la amenaza de empezar otra vez a matarnos.

Ahora, lo peor del documento no es que los etarras, aparentando estar vencidos, se tengan en realidad por vencedores o casi. Lo peor es que el Estado parece aceptar el planteamiento. Es obvio que unos y otros están dispuestos a firmar un armisticio. Pero da la impresión de que al Estado no le importa empatar, o incluso de alguna manera perder, con tal de que parezca que gana. Y a la ETA parece no importarle aparentar que pierde con tal de, en realidad, empatar o incluso, en algún aspecto, vencer. Por eso exigen reparaciones para ellos, los supuestos vencidos, y por eso amenazan con volverse a levantar en armas si no se les atiende, porque en realidad no han sido vencidos, sólo están dispuestos a simularse derrotados a cambio de lograr algunos de sus fines.

Gracias a Dios, no hay tiempo para que el Gobierno haga de este proceso algo irreversible. Pero, ¿será Rajoy capaz de denunciar el engaño y arriesgarse a una vuelta de los atentados o preferirá respetar el armisticio, fingirse vencedor y aceptar ser vencido? Es ya terrible que no sepamos la respuesta.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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