Rajoy

El gestor apacible

Emilio Campmany

Una parte del éxito del PSOE en las pasadas elecciones se debió a que supieron presentar al PP como un partido reaccionario. Los populares están convencidos de que la operación tuvo éxito por haberse dejado arrastrar a las manifestaciones contrarias a la negociación con la ETA, incómodamente atestadas de banderas españolas, oponerse al nuevo Estatuto de Cataluña y enredarse en las teorías de la conspiración del 11-M.

Creen que para ganar en 2012 deben abandonar esos terrenos y desplazarse allí donde un partido de centro reformista como el suyo pueda transmitir mejor su mensaje. En ese sentido, la crisis económica les ha caído como pedrada en ojo de boticario porque saben que los españoles los consideran mejores gestores que los socialistas. Y con este espíritu acudió Rajoy al debate sobre la crisis en el Congreso: "Gestionamos mejor la crisis", que es lo que se lee en unas camisetas que acaba de imprimir el partido.

Así que el PP ha decidido limitar su trabajo de oposición a la crisis económica. Y ni siquiera para prometer que la superarán, sino sólo que la gestionarán mejor. Esta decisión, con ser un error, no es lo peor. Lo peor es que los populares desean centrarse en la crisis económica porque en los demás terrenos no saben qué proponer. Por un lado, no quieren prometer una marcha atrás, porque si lo hacen les acusarán de reaccionarios. Tampoco pueden decir que irán en la misma dirección que está yendo el PSOE porque, para eso, ya están los socialistas. De forma que a lo que se comprometen con sus cariacontecidos electores es a pararse: no ir más allá de hasta dónde haya llegado el PSOE, pero tampoco ir hacia atrás. Entienden pues la política como un camino en el que sólo se pueden hacer tres cosas: ir hacia delante, que es lo que hace el PSOE; ir hacia atrás, que es lo que quieren los reaccionarios, que votan al PP, pero que no bastan para ganar unas elecciones; o pararse, que es lo único que puede hacer el PP para poder decir que no son ni socialistas ni reaccionarios.

Sin embargo, la política no es un camino, sino una perpetua encrucijada. Hay muchas maneras de avanzar, y las de la izquierda son casi siempre las peores. La derecha, y muy especialmente la nuestra, tiene un sinfín de oportunidades para demostrar que tiene políticas superiores a las del PSOE. En materia de organización territorial, podría proponer hacer de España una verdadera federación en la que todos los estados federados tuvieran las mismas competencias y éstas estuvieran fijadas de antemano; en educación, el cheque escolar; en justicia, una radical profesionalización de los jueces, estableciendo un sistema de nombramientos donde prime la antigüedad y no la adscripción política; en asuntos exteriores, una "atlantización", estrechar lazos con Estados Unidos y Gran Bretaña en vez de con Francia y Alemania; en defensa, la modernización del ejército; en seguridad, la mejora salarial de los cuerpos de seguridad para luego exigir mejor formación, capacidad y eficacia; y en cultura, la casi total desaparición de las subvenciones.

Podrían añadirse muchas más y debatirlas para aceptarlas, matizarlas o rechazarlas. Sin embargo, no hay debate porque no hay propuestas. Lo único que el PP sabe prometer a sus potenciales electores es que, si ganan, no empeoraremos.

Gestionar, gestionar, sí parece que saben hacerlo, pero entusiasmar...

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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