El gandul de la Moncloa

Emilio Campmany

Ahora que se acerca el final del año, cuando los políticos hacen balance de sus logros, se pone de manifiesto lo que podríamos llamar una doble ficción. Sánchez hace como que ha hecho mucho, todo bueno. Y Casado finge que Sánchez ha hecho efectivamente mucho, pero todo malo. El uno lo hace para echarse flores y el otro para lanzarle boñigas. Lo curioso es que lo relevante no es tanto lo bueno o lo malo que ha hecho sino lo poco que ha sido. Es verdad que ha pactado los presupuestos con Bildu y haberse entendido con la ETA es ya de por sí muy reprobable, pero, ¿para hacer qué? Lo de las cárceles ya lo negoció Zapatero y lo ratificó Rajoy y es por tanto un legado conjunto del solemne y del de hojalata. También lo es que ha cedido frente a Esquerra Republicana, ¿pero, qué ha cedido? La vía Netflix hacia la independencia es poco menos que una broma, pues no se trata más que de llenar de dinero público los bolsillos de los que estén en condiciones de producir películas en catalán. Un chorro más de dinero en el piélago de ayudas en el que nada nuestro cine no lo hará mucho más profundo. Y, por último, no deja de serlo que se ha firmado la reforma laboral para derogar lo único bueno que hizo Rajoy. Pero no lo es menos que no la han derogado, sino apenas retocado y que todo es una escenificación para que se vea lo bien que se lleva Sánchez con los agentes sociales. ¿Qué se han prestado a ello tras ser pródigamente subvencionados y no por la bondad de lo pactado? Pues claro, aquí todo el mundo recibe subvenciones para decir lo guapo que es el Gobierno. Pero, eso no lo ha inventado Sánchez.

Y, sin embargo, no haber hecho nada no le libra de culpa. Porque lo que mejor define la gestión de Sánchez es precisamente eso, no hacer nada frente a la terrible pandemia que padecemos. No se puede ignorar que casi todo Occidente ha actuado con mucha torpeza, pero lo del Gobierno de España ha sido peor. Aquí el Gobierno fue más lento, escogió a los expertos, no por su capacidad, sino por su ductilidad para aconsejar lo que el Gobierno quería que le aconsejaran, y dejó todo en manos de las Comunidades Autónomas dando lugar a unos interminables telediarios donde nos van contando a qué hora cierra la hostelería en Cantabria y Castilla la Mancha o cuántas personas pueden reunirse en Galicia o Andalucía o dónde hay toque de queda, si en Cataluña o Aragón.

Ha habido una total falta de acción y liderazgo y, cuando alguna vez se ha hecho algo, no han sido más que tonterías sólo útiles al estrangulamiento de la economía. No creo que Sánchez peque mucho de pensamiento porque pensar no es una actividad que ejercite en demasía. Sí está claro que todos los días peca de palabra pues dice más mentiras que frases. Pero de obra no ha pecado tanto como parece. Lo que sí ha hecho, y no se destaca lo suficiente, es pecar mucho de omisión.

A continuación