Bárcenas

El francotirador que se fingió artillero

Emilio Campmany

La sábana de Pedro J. ha sido este domingo de las de no perderse. Y, sin embargo, sólo hay en ella dos cosas y media de verdad relevantes. La primera es que Bárcenas afirma que el partido se viene financiando ilegalmente desde al menos veinte años. La segunda, que el extesorero puede, según dice, probar lo que afirma. Luego está lo de los sobresueldos en metálico que Lapuerta llevaba a los ministros, en uno de los casos con una caja de puros Montecristo, en obvia alusión a la afición de nuestro actual presidente del Gobierno.

Y, a pesar de que lo que el contable canta parece ser mucho, hay en esa acusación de generalizada corrupción algo de ingenuidad, real o fingida. Intentar pringar a todos durante tanto tiempo equivale a no pringar a nadie. Los que hayan visto la película de Oliver Stone JFK recordarán a Clay Shaw, que interpretó el magistral Tommy Lee Jones, sentado en el banquillo. Cuando Jim Garrison, encarnado por Kevin Costner, en su alegato final para conseguir la condena acusa no sólo a Shaw sino a todo el mundo de estar implicado en el asesinato del presidente, incluidos la CIA y el sucesor, Lyndon B. Johnson, Shaw sonríe malévolo. Sabe que el jurado no asumirá una acusación de ese tamaño y él saldrá absuelto, como efectivamente fue.

Bárcenas aparenta no disponer de un buen rifle de precisión. Tan sólo enseña morteros de elevado calibre y munición explosiva, nada con lo que poder abatir pieza por pieza, según vaya siendo necesario. Lo único que parece que puede hacer es liarse a soltar obuses y llevarse por delante todo lo que haya al otro lado de la colina, que será todo o casi todo el PP.

Si éstas fueran sus circunstancias reales, difícilmente podría Bárcenas salvarse. El cada vez más ominoso silencio del PSOE demuestra que nadie que esté arriba quiere acabar con el partido y poner en peligro el sistema. Es más, incluso abajo, el tradicional votante del Partido Popular, ese que tan desilusionado se encuentra de ver que nada del programa que él votó está siendo puesto en práctica, puede sentirse tentado, en su instintivo conservadurismo, de volver a votar a ese PP cubierto de la maloliente porquería que saque a relucir Bárcenas con tal de evitar la llegada al poder de un PSOE todavía más corrupto, al menos a sus ojos, o de un Frente Popular que lograra levantar IU.

Bárcenas necesita un rifle con mira telescópica y con lo que amenaza es con un mortero de 155 mm. Quizá lo tenga y por ahora no quiera usarlo. Eso parece que es lo más probable cuando de pasada nos deja asomarnos a la mira y lo que aparece en su cruz es la cabeza de María Dolores de Cospedal. A la vez que nos dice que el rifle está cargado con una comisión de 200.000 euros en Castilla-La Mancha. Pero de momento Bárcenas no dispara. Supongo que pronto tendremos ocasión de comprobar su puntería.

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