El farolero y el cándido

Emilio Campmany

En la Moncloa hay alguien que juega al póquer. Arrojar sobre la mesa el tema de los aforamientos simulando esconder que se propone una reforma constitucional ad hoc con el propósito de dejar a Casado sin aforamiento para que pueda empapelarlo la juez de Madrid es una gran jugada. Si es finalmente investigado, dará igual porque se hablará mucho más del máster de Casado que de la tesis de Sánchez. Pero si, como es más probable, el Supremo archiva el asunto, Casado quedará en evidencia por verse privilegiado por un aforamiento que poco antes se ha negado a suprimir.

Sin embargo, la reforma que plantea el PSOE, que perjudica desde luego a Casado, también podría perjudicar al presidente. Es más fácil acusar de la comisión de un delito a Sánchez que a Casado porque, aunque ambos hayan podido dos recibir una titulación que no merecían, el presidente obtuvo una habilitación para ejercer una función que de otra manera no habría podido ejercer y gracias a la cual recibió una remuneración. Casado, no. Por otra parte, el presidente del PP puede alegar que, si le beneficiaron, fue sin su conocimiento, mientras que Sánchez no puede desconocer los plagios que contiene su tesis, salvo que aduzca que él no la escribió, lo que sería muchísimo peor. Sea como fuere, la privación del aforamiento conviene tan poco a Casado como a Sánchez.

Entonces, ¿por qué lo propone el PSOE? Pues porque la jugada es en realidad un farol. Saben de sobra que no va a salir. Y no va a salir porque el PP, en la convicción de que disparan contra Casado y siendo como es indispensable su voto, no va a apoyar la reforma. De hecho, eso es lo que han anunciado. De esta manera, Sánchez vuelve a dar actualidad al máster de Casado hasta que el Supremo decida, y, mientras tanto, se habla menos de su doctorado.

Cuando a uno le dan malas cartas pero tiene la seguridad de que quien ha hecho una apuesta fuerte va de farol, lo que hace no es retirarse, sino subir aún más el envite. A eso se le llama apagar un farol. Lo que debería hacer el PP es apoyar la reforma con entusiasmo, dando a entender que lo hace con el fin de poder, cuando se apruebe, ejercer la acusación popular contra Sánchez por los presuntos delitos que habría cometido para conseguir el título de doctor. Y ya verán cómo reculan los socialistas de forma cobarde e ignominiosa. En vez de hacer eso, en el PP acusan el golpe y rechazan una reforma, que ellos ya propusieron en sus programas y que complace a su electorado, con el velado y también impresentable argumento de que va dirigida contra su líder. Es como si reconocieran que están en contra del aforamiento, pero no ahora que beneficia a Casado.

En resumen, Sánchez se tira un farol con una pareja de sietes y Casado, que tiene una de nueves, se arruga. No saben ni tenerlas.

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