El escorpión y la víbora

Emilio Campmany

Hay a quien le puede parecer que la desgracia de Navarra es fruto de no haber el PSOE obtenido suficientes escaños para poder gobernar en solitario. También puede creer que la culpa la tiene Ciudadanos, por no haberse aprestado a ser el felpudo en el que Sánchez se limpiara de los zapatos la caca nacionalista que pisó cuando aceptó la presencia de un "relator" que mediara entre España y Cataluña. No son más que formas de engañarse a uno mismo. El PSOE preferirá siempre como aliados a cualquier cosa que hieda a nacionalismo o apeste a comunismo antes que apoyarse en nada que esté a su derecha. Porque, según ellos, todo lo que hay a su derecha es la hez. Para entenderlo, baste recordar que a Sánchez lo echó la poca gente decente que hay en su partido para evitar que pactara con los enemigos de España. Y sin embargo volvió. No porque fuera un maestro de la supervivencia, como la Pantoja, sino porque buena parte de la militancia del PSOE quiso que volviera. Desde la misma noche electoral, el camino que los suyos le marcaron a Sánchez fue el de buscar alianzas donde el precio va a ser cargarse España. Y es que la mayoría de militantes de ese partido cree que preservar la unidad de nuestra vieja nación es cosa de franquistas. Y, por lo tanto, la respuesta de un buen socialista a los ataques que la misma reciba ha de ser, en el mejor de los casos, de indiferencia y, en el peor, de colaboración.

Encima, en Navarra concurre la triste circunstancia de haber sido empleada por el PSOE como moneda de cambio en la negociación con ETA. Y esto ya no es contabilidad de escaños, es cesión de soberanía a cambio de que la banda asesina deje, por el momento, de matarnos. Es verdad que el vergonzoso acuerdo lo firmó Zapatero, pero no lo es menos que Sánchez (y también Rajoy) aceptó sus términos y, desde entonces, nadie del PSOE ha movido un dedo para salvar a la desgraciada región española, que ha quedado en manos de quienes quieren someterla y de paso destruir España. Mientras, pesa sobre ella la espada de Damocles que es la disposición transitoria cuarta, que nadie, socialista o no, parece muy interesado en derogar.

De forma y manera que, en todo esto, el escorpión que es el PSOE no puede dejar de comportarse del modo que su naturaleza exige. Del mismo modo que para apaciguar la víbora que es la ETA tiene que hacer lo que acordó con ella. Todo en perjuicio de Navarra y de España y en beneficio de los independentismos vasco y catalán, por no hablar de las sucursales que el separatismo tiene en otros sitios. Son consecuencias que al PSOE, no porque le obliguen los números, sino porque él es así, le da igual que se produzcan.

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