El escondite inglés

Emilio Campmany

Me da en la nariz que el niño que Mariano Rajoy seguro que fue, en su Pontevedra natal, se hinchó a jugar al escondite inglés. Consiste este juego un poco cursi en que todos se colocan a una distancia determinada de la pared salvo el que se la queda, que de cara a ella cuenta hasta tres y añade "al escondite inglés", dicho lo cual se vuelve y a quien pille moviéndose le obliga a volver al punto de partida. Naturalmente, quien antes llega a la pared gana. Me juego lo que sea a que Rajoy era en esto un maestro y no lo pillaban nunca moviéndose. Otra cosa es que alcanzara la pared el primero, porque es probable que tampoco se moviera mucho, no fuera a ser que quien contaba lo hiciera muy rápido y se volviera enseguida. Me lo imagino avanzando pasito a pasito en mitad de la cuenta para no ser sorprendido con la esperanza de que los más atrevidos, que se arriesgaban y avanzaban más, fueran finalmente pillados y obligados a retrasarse.

A fin de cuentas, eso es lo que parece estar haciendo con los medios de comunicación: un, dos, tres, al escondite inglés. Y nunca lo pillan. Poco después de las elecciones municipales y autonómicas dijo que estaba tranquilo y que se sentía muy cómodo y que no pensaba hacer ningún cambio. Un, dos, tres, al escondite inglés. Luego vino esa tormenta en un vaso de agua que fueron los amagos de dimisiones y las protestas de los barones por tanta inmovilidad. Entonces reconoció que algo haría, pero que ya vería qué. Un, dos, tres, al escondite inglés. De forma que comenzaron las especulaciones, algunas disfrazadas de información, como si alguien pudiera saber qué pensaba hacer si en realidad no pensaba nada. Un, dos, tres, al escondite inglés. Al fin, la tormenta ha pasado y el presidente de Gobierno ha comprobado con alivio que quizá pueda hacer lo que toda su vida ha hecho y le ha ido tan bien, no hacer nada, salvo lo inevitable por los ministros que se irán a disfrutar los chollos que él mismo les ha conseguido. Un, dos, tres, al escondite inglés.

Todavía dispone de seis meses para llegar a la pared antes que nadie. Es verdad que los otros corren más, que Podemos despierta los peores instintos de la izquierda española, que el PSOE se alía literalmente con quien sea para desbancar al PP y Ciudadanos derrocha su capital apoyando a quienes más disgustan a sus votantes. Todo lo cual hace más probable que sean sorprendidos moviéndose y tengan que volver a empezar, dando ventaja a nuestro experto jugador de escondite inglés. Si tiene suerte y los demás siguen trompicándose del modo que lo están haciendo, a lo mejor consigue el retorno de suficientes votantes del PP que un día se fueron decepcionados para unirlos a los recalcitrantes y ganar las elecciones con lo justo para continuar siendo presidente del Gobierno. Un, dos, tres, al escondite inglés.

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