Rescate financiero

El día que la mataron

Emilio Campmany

No sé quién habrá sido el responsable de la decisión de que Mariano Rajoy no compareciera el mismo sábado y lo hiciera en su lugar su ministro de Economía. Hacerlo así tenía el sentido de evitar dar importancia a lo que, escóndase bajo el eufemismo que se quiera, es un rescate. Ese con el que Europa, como si estuviera jugando al juego del ahorcado, y nunca mejor dicho, ha completado finalmente el acrónimo PIGS poniendo la "S" de Spain en las cuatro iniciales de los países que se sabía tendrían que ser rescatados.

Al final, resulta que los españoles no somos tontos del todo y no coló. El que nos tengan que abrir una línea de crédito de hasta cien mil millones de euros para capitalizar nuestros bancos significa que hemos caído de hinojos y hecho lo que Merkel quería que hiciéramos desde hacía tiempo, que nos dejáramos ayudar por Europa. Y entonces, tarde y mal, se decidió, con ese aire de improvisación que impregna desde hace años todo lo que hace el Gobierno español, da igual quien lo presida, que el asunto era lo suficientemente grave como para que fuera Rajoy quien saliera a dar explicaciones. Y lo hizo el día siguiente diciendo que estábamos de enhorabuena y que el rescate no habría sido tan benévolo de no haber él hecho todo lo que llevaba realizado desde que se hizo cargo del país.

Desde luego, en eso tiene razón. Las cosas podrían ser peor porque, con estar mal, los políticos tienen capacidad de sobra para empeorarlas sin esforzarse. Con todo, el mensaje no deja de ser similar al del corrido aquel que decía: El día que la mataron, Rosita (o sea, España) estaba de suerte,/de tres tiros que le dieron,/nomás uno era de muerte,/nomás uno era de muerte. Pues eso, que hay que ver lo bien que lo hemos hecho y cuántas reformas hemos emprendido y cuántos sacrificios asumido y cuántos recortes aceptado que al fin el rescate lo ha sido sólo a medias.

No deja de tener su gracia que la noticia sea en cambio muy mala para quien precisamente es uno de los pocos que podría haberse alegrado al oírla, esto es, Alfredo Pérez Rubalcaba. Freddy es uno de los que más se equivocó, junto con el malhadado Zapatero, en pos de que el desastre fuera total y completo, que los tres o cinco tiros que nos tuvieran que terminar dando fueran directos al corazón y que, como terminaba el corrido, los europeos cantaran: La pared era colorada y estaba recién pintada,/con la sangre de Rosita (o sea, la de España)/ le dieron otra pasada,/le dieron otra pasada. El que al final no haya sido del todo así es lo que permite a los socialistas seguir fingiendo que no tienen tanta responsabilidad en todo esto que está ocurriendo. Total, que eso, que el día que nos mataron, los españoles estábamos de suerte, de tres tiros que nos dieron, nomás uno era de muerte.

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