España y sus símbolos

El derecho a defenderlos

Emilio Campmany

Acabáramos. Zapatero no siente aversión hacia la bandera española. Es un alivio saberlo. Lo que siente es respeto. Según él, la bandera está para enarbolarla sólo allí donde nos represente a todos. Y ¿cuándo es eso? En el fútbol, naturalmente. Por eso llevaba una prendida en el ojal de la chaqueta el día que ganamos la Eurocopa. Me gustaría ver si sigue allí el día que vaya a visitar Cataluña o el País Vasco.

Con el español, le ocurre tres cuartos de lo mismo. Para él, la lengua común es un símbolo de todos y no puede emplearse contra ningún español. Se supone que ni siquiera contra quiénes prohíben su empleo en la escuela, ni mucho menos contra quienes, teniendo la obligación de impedirlo, lo toleran.

Es tan claro que el manifiesto por el castellano no tiene por objeto defender un símbolo, sino exigir amparo para el derecho de todos los españoles a escolarizar a sus hijos en su lengua, que la cosa no merece más comentario.

A lo de la bandera, en cambio, sí puede venirle bien alguna reflexión.

El mar de ellas que inundó las calles durante la legislatura pasada no se debió al intento de la derecha de apropiarse del símbolo de todos. Los españoles que sacamos a la calle nuestra bandera, la de todos, lo hicimos para recordar a los socialistas que desaprobábamos una política que, a través de la negociación con ETA y del estatuto de Cataluña, amenazaba con fracturar a España.

Dar legalmente el carácter de matrimonio a la unión de dos homosexuales puede ser una política de gobierno. Negociar con una banda terrorista el futuro de Navarra y el País Vasco o aprobar un estatuto que establece una relación de bilateralidad entre una región y la nación a la que pertenece, no. Son políticas que, con independencia de estar sólo justificadas en el caso de una colosal crisis nacional, no pueden ni deben llevarse adelante sin el respaldo de casi todos los españoles, mucho menos en contra de más de un tercio de ellos.

Las banderas españolas que sacamos a la calle tantos ciudadanos salieron para denunciar que el Gobierno, el que Zapatero olvida que debería ser el de todos los españoles, minaba con su política los cimientos de España.

Podrán decir que ni la negociación con ETA ni el estatuto de Cataluña han minado nada. No es así. La negociación con ETA es lo que fortalece el plan soberanista de Ibarretxe. El lehendakari tiene toda la razón cuando dice que Zapatero carece de autoridad moral para negarse a negociar con él lo que estuvo dispuesto a negociar con ETA. Y ya veremos dónde nos lleva el estatuto de Cataluña cuando se empiece a aplicar en toda su extensión.

Y, en cualquier caso, si, Dios lo quisiera, estuviéramos equivocados, ¿no tenemos derecho a denunciar lo que sentimos como una amenaza a la unidad de nuestra patria sacando a la calle su bandera? 

Zapatero tiene razón cuando dice que la bandera es de todos. Pero olvida que todos, incluido él, tenemos obligación de defender lo que simboliza. Hacerlo sólo en los terrenos de juego no basta.

Cuando quiera legalizar la eutanasia, nadie le molestará con ninguna bandera. Pero si pone en peligro la unidad de España, lo justo y lo natural es oponerse a ello con el símbolo que la representa.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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