El 'conducător' irreconducible

Emilio Campmany

Ya es una coincidencia que el rey Felipe VI, según la versión del dicharachero Miguel Ángel Revilla, haya calificado a Mas de "irreconducible" pocos días después de haberlo conducido en un SEAT, esos coches que a lo mejor empiezan a fabricarse en el centro de la península para no tener que pagar arancel de importación a la Unión Europea. Y es que Mas no ha nacido para ser conducido por nadie. Él es un conductor, o mejor, un conducător, que es como en Rumanía llaman a sus dictadores. Y a los conductores lo que les gusta es conducir, no que les conduzcan. No obstante, las palabras del rey, en cuanto comprometen al Gobierno, no fueron pronunciadas para ser publicadas. Pero, como Revilla no sabe aguantarse, al cántabro le faltó tiempo para contar la confidencia que el rey le había hecho.

Sin embargo, el efecto de la revelación ha sido balsámico. En el primer acto en que el rey ha tenido que ir a Barcelona, ha podido al fin tratar a Mas con la frialdad, si no el desdén, que se merece. Ha sido la indiscreción de Revilla la que le ha permitido al rey finalmente observar, en contra del criterio del Gobierno, el comportamiento al que está obligado quien juró defender a la nación frente a quien pretende destruirla. Es cierto que no corresponde al rey fijar el grado de cordialidad con el que el Gobierno de la nación ha de tratar al de la Generalidad. Lo que pasa es que Felipe VI, por obedecer al Gobierno, lleva ya dos inadmisibles humillaciones. La primera fue la pitada del himno nacional en la final de su Copa, abandonado cobardemente por el presidente del Gobierno que delegó en un ministro que ya estaba casi de luna de miel. La segunda, más insultante todavía, ha sido la de tener que recibir a Mas para que éste le explique minuciosamente cuál es su plan para destruir a España y cómo se propone llevarlo a efecto.

Quiero pensar que el rey ha estallado, no tanto por lo ofendido que se sienta él, que a fin de cuentas lleva mucho aguantado, como por la afrenta que el comportamiento de Mas significa para quienes creo el rey tiene el orgullo de representar y que no son otros que todos los españoles. Sencillamente, se ha hartado de obedecer al Gobierno y tener que poner buena cara a los pitos, aceptar los insultos y condescender con los desaires, y le ha contado lo de que Mas es "irreconducible" a quien sabía que lo revelaría enseguida. De esa forma, la segura indiscreción le permitiría de una vez ponerle a Mas la cara de malos amigos que estaba deseando ponerle. Al fin hay un español en las altas instituciones del Estado que, dentro de sus limitados medios, da a Mas algo del trato que se merece. Ya está bien de tener que sonreír mientras te vilipendian porque Mariano dice que es lo que hay que hacer. Que sonría Mariano, digo yo que habrá pensado.

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