11-M

El buen PP

Emilio Campmany

Hoy pesa sobre mí como una roca una inmensa pena. Leo a Federico Quevedo y me entero de lo mal que lo pasó Rajoy con el 11-M, obligado contra su voluntad a asociarse con esa chusma infame de pescadores en río revuelto que se han hecho ricos a base de especular con la autoría del 11-M. El hoy presidente del Gobierno supo desde el primer día que los autores del atentado eran yihadistas, pero no pudo librarse de las tenazas de la "Teoría de la Conspiración" hasta que el juez Bermúdez leyó en 2007 la sentencia. Antes, prisionero de Aznar y de los más negros poceros del PP, se vio obligado a actuar a las órdenes de Pedro J.:

(…) desde el diario El Mundo se nos dictaban las preguntas, a veces en número considerable, que a continuación acudíamos como corderitos a registrar en el Congreso de los Diputados.

Pobrecitos. La desazón me arranca una lágrima sólo de imaginarme la dramática escena en el registro de entrada de la cámara.

Fueron tan astutos, ladinos y atravesados quienes arteramente dudaron de la autenticidad de la mochila de Vallecas por el insignificante detalle de contener metralla cuando nada de lo que estalló en los trenes la llevaba que el propio Federico Quevedo cayó en el espesa urdimbre que esos marrulleros y atravesados tejieron. Tal fue la confusión en que lo sumieron los malvados que llegó a escribir:

Yo tengo la convicción moral de que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron el producto de una conspiración para echar al PP del poder. A quienes me preguntan, y son muchos los que lo hacen, si creo a la izquierda española capaz de semejante barbaridad les contesto, sin dudarlo, que sí.

Lástima de hombre. Hay que ver en qué obtusa sinrazón le envolvió tanta insidia, tanta perfidia y tanta falsidia, que diría otra trágica víctima de una conspiración similar, el pobre Don Mendo. Es triste que el preso Rajoy no le avisara de que ofuscado estaba metiendo la pata. Al fin, Quevedo ha visto la luz y pedido perdón a todos aquellos a quienes haya podido arrastrar con él en su ciego caminar detrás de los falsos profetas. Hasta un socialista admitiría que se trata de un reconocimiento que le honra.

Menos mal que gracias a Rajoy este PP ya no es aquel que a tanta gente, entre otros al propio Quevedo, engañó. Lo cuenta muy bien él mismo:

Es necesario que le quede claro a la sociedad española que aquel PP ya no está, ya no es el que dirige los destinos del país, y que este PP se parece mucho más a una sociedad que nunca quiso poner otro color político al terrorismo, sea de ETA o sea el que sea, que el del dolor y el acompañamiento de las víctimas.

Y por eso suelta a los terroristas y deja que la ETA siente sus reales en las instituciones, podría haber añadido.

Qué buen vasallo para tan buen señor al frente del, ahora sí, tan buen partido.

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