El bolchevique zote

Emilio Campmany

Puede que para algunos sea increíble que la nueva y rutilante estrella política en España sea un leninista tan genuino como Pablo Iglesias. Y sin embargo no lo es tanto. Hace unos días, al editorialista de El País le parecía estupendo que salieran partidos emergentes por la izquierda (Podemos) y por el centro (Ciudadanos), pero no más. Al parecer, en España, nada que venga de la derecha puede ser bueno, da lo mismo que sea una idea, un medio o un partido emergente. El corolario consiguiente es que todo lo que venga de la izquierda ha de ser necesariamente bueno, da igual que sea una ocurrencia, una plataforma o un partido. ¿Que lo que viene está empapado del más rancio comunismo, esa ideología responsable de tantos millones de muertos? Da igual porque la izquierda puede equivocarse, pero siempre tiene buena intención. En cambio, la derecha no es buena ni cuando se equivoca.

El caso es que Iglesias es un leninista en estado puro. Hará lo que haya que hacer para adueñarse del poder, incluido traicionar momentáneamente sus propias ideas. Mentirá por toda su rala barba en toda ocasión que crea que le conviene hacerlo y no experimentará el más leve remordimiento. Se vestirá con tantos disfraces ideológicos como crea que es necesario, de modo que por la mañana será populista bolivariano, por la tarde socialdemócrata, al día siguiente socialista utópico y más adelante izquierdista de tercera vía siempre que a sus fines interese. Pero eso no basta para ser un leninista de genuina factura. Un auténtico bolchevique dirige el partido con mano de hierro, aplasta la disidencia, condena las vacilaciones, tacha de traición la réplica e impone la disciplina desde el centro con impasible crueldad. Un buen leninista no contemporiza con el menchevique lila o el trotskista pasado de vueltas. Lo que hace es aplastarlos, siempre que la ocasión sea propicia, con frialdad de cirujano.

Pablo Iglesias es todo eso y es por tanto capaz de aprovecharse de movimientos ciudadanos, de la debilidad de algunas coaliciones políticas, de la popularidad de según qué personajes para alcanzar sus fines que no son otros que el poder y convertir a España en un paraíso comunista con, en el mejor de los casos, algún supuesto matiz siglo XXI. Y sin embargo… Sin embargo, ¿verdad que parece que le falta un hervor? ¿Que es como si en sus ojos no hubiera el destello de los que saben lo que quieren? El tipo duro y frío que quiere ser nunca habría perseguido el saludo de Tsipras del modo que él lo hizo, como un niño busca el autógrafo de Sergio Ramos. Y para acabar siendo humillado por el dirigente más apestado de Europa. Y peor que eso fue lo de prometer que España pronto sería Grecia. Se creerá que sus votantes están deseando hacer cola en los cajeros. Para ser un buen bolchevique no basta ser malo. Además hay que tener algo de lo que le sobraba a Salomón. E Iglesias, de eso, apenas tiene una brizna.

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