De la Vega

El asombro del Turia

Emilio Campmany

María Teresa Fernández de la Vega es un asombro por muchas razones. Lo es en el calendario porque, si para el vulgar ciudadano cada día tiene su afán, para ella cada jornada tiene su aliño indumentario único, su vestimenta concreta, su adorno preciso, su irrepetible apariencia. Su vestidor será como el sueño de una adolescente, algo así como un universo de prendas, una constelación de modelos. Aunque, bien pensado, para qué los va a guardar si no ha de repetir ninguno.

También asombra el color de su cabello, ese profundo dorado que un día lanzara al estrellato a Fanny Cottençon haciendo de sí misma en Fanny Pelopaja. No menos ocurre con su peinado, inalcanzable para los peines de un Llongueras, realizado, qué digo realizado, levantado, construido por las delicadas manos de Eduardo Manostijeras. La imagen podría dar a creer que la niña María Teresa, de retorno a su niñez y jugando a las peluquerías con las que tiene mamá en el costurero, hubiera creado del caos un armonioso conjunto de geniales trasquilones.

Con ser todo ello asombroso, no es lo único. Cuando un medio de derechas se quiere poner a bien con el PSOE, la primera evidencia que del trato asoma es De la Vega. Como esa inaugural y audaz amapola que nace entre el trigo a poco de ser cosechado, la primera socialista que acudió a la Cope al programa de Ignacio Villa fue doña María Teresa. Como esa inicial y atrevida golondrina que vuelve al nido escondido entre las tejas y el canalón, fue también ella la primera en visitar a Buruaga en la misma cadena. Y cual mariposa que revolotea de flor en flor, de conversión en conversión, acudió a visitar a los amigos de Veo7.

Tanto adorno, tanta apariencia, tanto afeite y tanto melindre para repetir en todos sitios las mismas majaderías, en la creencia de que los que escuchamos hemos de estar embobados ante su clase, distraídos e incapaces de atender a lo que dice. Yo, para poder seguir sus argumentos me tapé los ojos y con esta maña logré no distraerme con su luz y darme cuenta de que nada serio dijo. Primero amenazó con democratizarnos a protocolazos si se nos ocurría volver a abuchear a Zapatero. Otra cosa es llamar asesino a Aznar, quemar banderas nacionales y efigies del Rey y llamar a rodear las sedes del PP el día anterior a unas elecciones para hacerle responsable del mayor atentado terrorista de la historia de Europa. No, si para educación la de los socialistas. Luego, dijo que Zapatero dio el giro económico por propia convicción, porque le dio la gana, sin admitir presiones de nadie, como si todos los españoles no hubiéramos visto lo ocurrido. Y, finalmente, aclaró que lo de El Valle de los Caídos se está haciendo con total trasparencia y que no han tocado un resto humano, que el solo hecho de tener que desmentir tal necrofilia es ya un desdoro en sí mismo.

Lástima que los periodistas que la entrevistaron no pudieran, por educación, cerrar los ojos ya que, deslumbrados como quedaron por la donosura de la entrevistada, se olvidaron de repreguntar y quedaron encantados con lo que la dama les endilgó. En fin, para que la señora no diga que soy un maleducado reventador, le felicito en el día de su santo y le deseo que lo pase tan ricamente estrenando el modelo que hoy toque.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

A continuación