Acuerdo Rajoy-Rubalcaba

El abrazo de los débiles

Emilio Campmany

Decía Jardiel Poncela que cuando un pobre come merluza es que uno de los dos está muy mal. Aquí podría decirse lo mismo: cuando Rajoy pacta con Rubalcaba es que uno de los dos está muy mal. Rubalcaba, desde luego, lo está. No es que no se vea como alternativa de Gobierno, es que ni siquiera es creíble como líder de los socialistas españoles. Si además el programa que le ha puesto delante Rajoy es uno consistente en gastar más con el dinero de Europa, nadie en su situación hubiera sido capaz de resistirse.

Lo que no se entiende es por qué ha suscrito el acuerdo Rajoy. Es verdad que a cualquier Gobierno le puede interesar de vez en cuando pactar con la oposición. A veces, tan sólo por el gusto de demostrar capacidad de acuerdo. Es obvio que nos hallamos ante este último caso. Pero eso tendría sentido si, a cambio de compartir focos y minutos de telediario, la oposición se aviniera a compartir la responsabilidad de medidas mínimamente impopulares o simplemente necesarias. Aquí lo que se ha acordado es apuntarse al programa del socialismo europeo, consistente básicamente en tirar del dinero de los demás, aunque luego haya que devolverlo de alguna manera.

Que un Gobierno del PP, supuestamente comprometido con la reducción del gasto y una futura reducción de impuestos, pacte con el PSOE ir a Europa a pedir que se aplique el programa con el que los socialistas franceses ganaron las presidenciales, y que ya ha demostrado ser un fracaso, no se entiende. Que lo haga del brazo de un achicharrado Rubalcaba se entiende menos todavía. No digo que a España no le interese que en Bruselas se impongan los criterios de los socialistas franceses en vez de los de los democratacristianos alemanes, que podría decirlo, pero no es lo que ahora me interesa discutir. Digo que, para eso, ¿qué falta le hace a Rajoy el apoyo de Rubalcaba?

La única explicación posible es que el gallego crea que el respaldo que tiene de los suyos es tan frágil que necesita el de los socialistas, mucho más natural si se tiene en cuenta que su política es perfectamente identificable con la de cualquier socialdemocracia europea. Pero ¿son en realidad tan quebradizos los apoyos que Rajoy tiene en su propio partido? Por Pablo Montesinos sabemos que en el PP están hartos de Montoro. También sabemos que Aznar grita desde las gradas y amaga con saltar a la arena a matar al toro que Rajoy no sabe estoquear. Y presentimos que la economía no estará arreglada para cuando sean las próximas autonómicas, lo que podría mandar a su casa a media docena de barones del partido. Eso conlleva debilidad, pero ¿hasta el punto de verse obligado a pactar con Rubalcaba?

Jardiel no sabía quién estaba muy mal, si el pobre o la merluza. En el caso de Rajoy y Rubalcaba, la duda no es si están mal, que lo están los dos, sino quién está peor.

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