Debate sobre política económica

Dialoga y pacta lo que sea

Emilio Campmany

El diálogo siempre ha gozado de buena prensa en España. Aquí todo puede arreglarse mediante el diálogo. Hoy mismo, sin ir más lejos, Joan Coscubiela, portavoz de Iniciativa per Catalunya Verds, ha apelado al diálogo para evitar un choque de trenes con los independentistas catalanes. ¿Y para qué sirve el diálogo? Pues está bien claro, para alcanzar pactos. Pero el pacto puede ser bueno o malo, según lo que se haya acordado sea acertado o no. En absoluto. El político contestará que lo importante de una política no es que sea acertada sino que haya sido pactada. Si es fruto del diálogo, la política resultante siempre será buena porque no se verá contestada. Esta es la aportación de los políticos españoles a la teoría política.

Lo hemos visto en el último debate en la Cámara Baja. El presidente del Gobierno comparece para presentar un Plan Nacional de Reformas. Y en vez de hacer eso, porque en realidad no hay tal plan, defiende las medidas ya adoptadas, sin enumerarlas, y que como todos los españoles saben han consistido en subir los impuestos. Dos líneas argumentales ha seguido el presidente. La primera ha sido la de defender su política por su utilidad en el pasado, ya que evitó el rescate. Pero como eso no es suficiente, porque si ya lo evitó no habría por qué mantenerla, ha ofrecido su utilidad en el futuro, y ha augurado que producirá una cosecha que recoger. No explicó, ni nadie le reclamó que lo hiciera, qué cosecharemos cuando lo sembrado han sido subidas de impuestos. Lo que hizo la oposición fue ofrecerse para dialogar y llegar a un gran pacto. No hizo falta decir sobre qué se quería dialogar o pactar, porque en nuestra teoría política el pacto es bueno en sí mismo, se acuerde lo que se acuerde. Como siempre, pues, nadie hizo propuestas concretas.

Bueno, miento. Hay un político que sí ha hecho alguna propuesta concreta, y por eso habrá que reconocerle ser algo más serio que los demás. Alfredo Pérez Rubalcaba. Hasta ahora ha hecho dos concretísimas. La primera ha sido la de poner un impuesto a los premios de la lotería. La segunda, la de retirar de la circulación los billetes de 500 euros. Al fin un miembro de la casta que ofrece bases determinadas de diálogo que permitan llegar a algún pacto concreto. La lástima ha sido que la primera medida ya ha sido inmediatamente puesta en práctica por Montoro, sin dar lugar el muy malandrín a dialogarla y a pactarla antes. Y la segunda, sobre la que de Guindos se mostró abierto al diálogo y al pacto, resulta que tristemente no depende de nosotros, por mucho que queramos dialogarla y pactarla, sino del malvado Banco Central Europeo.

Con todo, concretando, concretando a lo mejor llegamos a un punto donde sepamos de qué vamos a dialogar y qué vamos a pactar. Mientras tanto, sentémonos con el presidente tranquilamente a esperar la cosecha.

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