PSOE

Derribos Rubalcaba

Emilio Campmany

En Prisa tratan de darse ánimos con un editorial que titula Todavía hay partido. Y no lo hay. Es cierto que Freddy lo tiene muy difícil porque no puede reivindicar ninguna herencia, ni la felipista ni la zapaterista, porque las dos son un desastre, pero su problema más gordo es que él contribuyó notablemente a que las dos lo fueran. El caso es que el PSOE va a perder las elecciones generales y ya lo único que preocupa a Rubalcaba es convencer a su gente de que el resultado será malo a pesar de él y no, como es la verdad, que lo será gracias a él.

Habrá quienes crean que, una vez puestos en manos de Zapatero, nada podía hacer el PSOE por evitar el desastre. No es cierto. Cuando se hizo evidente que el pastel se había terminado y Zapatero ya no podría repartir más trozos, el partido debería haberle liquidado. Fue en mayo del año pasado cuando el PSOE tuvo esa oportunidad. Disponía además de dos estrategias. Una, hacer dimitir a Zapatero y poner al frente del Gobierno a alguien con credibilidad suficiente que tomara las medidas que había que tomar y rezar para que en marzo de 2012 hubieran empezado a producir algún efecto beneficioso que poder alegar ante el electorado. Otra, convocar elecciones generales para otoño de 2010 y presentar a un candidato más próximo al centro que no estuviera contaminado de zapaterismo. Ninguna de las dos garantizaba conservar el poder, pero al menos sí que hubiera habido partido.

Pero los socialistas han hecho lo peor. Han dejado al responsable visible de todos los males, Zapatero, al frente del Gobierno. Lo han dejado además para que se desdiga de su propia política y mienta afirmando seguir ahora la opuesta, con lo que pecha con el descrédito de echarse atrás y de hacer política de derechas, pero sin recibir los beneficios que habría obtenido de haberla aplicado realmente, de modo que la economía sigue hecha un desastre.

A pesar de todo, después de las municipales y autonómicas, estaban a tiempo de recuperarse si hubieran elegido a un candidato limpio de zapaterismo que hubiera propuesto un programa de centro izquierda que renegara del radicalismo de Zapatero.

Como no hay forma de que haya partido es trayendo a un felipista reconvertido al zapaterismo con más muertos en el armario que Bela Lugosi y cuyo único prestigio se apoya en sus trapacerías y modos chulescos. Luego, cuando se queden en 140 diputados, dirán que, tal y como estaban las cosas, no es mal resultado.

El sempiterno problema del PSOE ha sido que sus dirigentes han puesto siempre al partido por delante de España. Ahora vemos que, además, se ponen ellos mismos por delante del partido. Pero ¿a quién le iba a extrañar que Freddy prefiera ser el dueño de una escombrera antes que no ser dueño de nada?

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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