Cataluña

Demasiado sutil, Tardà

Emilio Campmany

A los nacionalistas no les gusta que no se les entienda. A pesar de su superior ingenio, la mayoría de las veces prefieren rebajarse a ser tan claros como para que los que no somos nacionalistas los podamos entender. Entonces es cuando son nacionalistas a lo bestia. Y esto a Joan Tardà se le da estupendamente. Siempre prefiere ahorrar a su ingenio una oportunidad de brillar antes de arriesgarse a que su mensaje pueda quedar incomprendido.

Gregorio Peces Barba se ha lamentado de que el Conde Duque de Olivares, en la disyuntiva de tener que elegir a quiénes mantener en el redil entre portugueses y catalanes, que ambos se habían levantado frente a la Corona, eligiera a los catalanes y dejara marchar a los portugueses. Quizá, reflexionó, nos hubiera ido mejor si el Conde Duque hubiera retenido a los portugueses y dejado volar a su albedrío a los catalanes.

Tan irritante reflexión ha ofendido al nacionalismo catalán. Y Joan Tardà, renunciando a sus muchas capacidades dialécticas, ha preferido contestar de forma directa, sin circunloquios ni retóricas: "Las palabras de Peces Barba sobre los bombardeos de Barcelona sólo pueden responder a maldad y, dicho en nombre de las víctimas, a ser un enorme hijo de puta". Más claro no se puede ser, aunque lo de las víctimas puede exigir alguna aclaración. Parece lógico que Tardà quiera que, ahora que las víctimas del terrorismo etarra se atreven a salir a la calle a aguar la fiesta de los nacionalistas de todo pelaje, haya llegado el momento de que sean recordadas todas las víctimas, incluidas las que España causó en Cataluña en 1640, que todas merecen la misma consideración.

Es una pena que, a pesar del esfuerzo de Tardà por ser claro, yo, salvo lo de llamar hijo puta a Peces Barba, no haya entendido lo que ha dicho. Se supone que los catalanistas como Tardà quieren para su Cataluña la independencia. Y Peces Barba se ha referido a una decisión del Conde Duque de Olivares que, si hubiera sido la contraria a la que en su día tomó, hubiera dado a Cataluña la independencia hace tres siglos y medio. Y luego ha lamentado que no fuera así. Modestamente, creo que lo natural es que Tardá se hubiera unido a la lamentación de Peces Barba y se hubiera mostrado de acuerdo con él: "Eso digo yo –debería haber dicho–, ojalá el Conde Duque se hubiera quedado con los portugueses y nos hubiera dejado a los catalanes en paz". Debe de ser que las sutilezas del nacionalismo catalán no están a mi alcance, ni siquiera cuando se expresa con tanta claridad. O quizá ocurra que es algo muy natural que los catalanes no quieran ser españoles e intolerable que algunos españoles, en reciprocidad, no quieran que los catalanes continúen siendo compatriotas suyos. Se me sigue escapando el asunto. Es obvio que no tengo las entendederas hechas para aprehender tanta sutileza.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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