Del mar y de los peces

Emilio Campmany

Una de las cosas que ya sabemos de nuestro presidente del Gobierno es que, cuando no le apetece hacer algo, remolonea lo que puede para no hacerlo. A veces, cuando no puede escaquearse, se desahoga exclamando lo coñazo que es asistir a tal o cual evento. Pero, en otras, consigue librarse y envía por ejemplo a Wert, que tenía que terminar de ganarse su nombramiento como embajador ante la OCDE, a pasar junto al rey el bochorno de la pitada al himno nacional. Cuando no tiene más remedio que recibir a alguien que va a hacerle una advertencia que le conviene oír pero que le fastidia escuchar, le toca generalmente recibirla a Jorge Fernández Díaz, que es seguramente el más amigo entre los muchos que ha hecho ministros.

Al del Interior ya le tocó escuchar a José Luis Rodríguez Zapatero cuando éste sintió la pulsión de contarle a su sucesor a qué se había comprometido con la ETA a cambio de que dejara de matar. La cosa no era ninguna tontería porque, de no asumir los compromisos, Rajoy tendría que arrostrar el riesgo de que volvieran los asesinatos. Es comprensible que le incomodara recibir esa advertencia después de haber encabezado junto a Ortega Lara una multitudinaria manifestación contra la negociación con la banda. Así que le debió de parecer mejor que el mal rato lo pasara Jorge Fernández. Obediente, así lo hizo éste. Rajoy pudo aparentar que no había aceptado la envenenada herencia a pesar de ser evidente que en realidad ha terminado por asumir todos los compromisos suscritos en su día por Zapatero.

Ahora pasa lo mismo. Rodrigo Rato quiere hablar con el Gobierno de su situación. Al parecer, tan sólo lo quiere hacer por gusto y sin esperar nada del Ejecutivo. Aun así, la sospecha de que se trata de una advertencia es tan vehemente que el ministro del Interior ha tenido que comunicar que recibió al ex de Aznar sólo cuando se le garantizó que no se hablaría de la situación sino de Cataluña, la política, el mar y los peces. Da toda la impresión, sin embargo, de que Rato quería avisar de que guarda en sus cajones alguna cantidad indeterminada de munición y que podría estar tentado de emplearla si su situación no se resuelve de un modo satisfactorio. En tales condiciones, había que comprobar la cantidad y calibre de las balas que le quedan al exvicepresidente. Como Rajoy no ha querido recibirle, el trago le ha tocado nuevamente a Jorge Fernández.

El ministro va a comparecer en sede parlamentaria para explicar qué habló con Rato. Sin embargo, ya ha advertido Rajoy de que tal comparecencia va a ser desilusionante. Natural. Rato tenía mucho interés en hablar de Cataluña, de política, del mar y de los peces y de eso es de lo que hablaron. Hay que ver qué conversaciones tan aburridas tienen los ministros de Rajoy con los exministros de Aznar.

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