Centenario

¿De qué presumen?

Emilio Campmany

Este jueves, los socialistas han celebrado en el Congreso de los diputados los cien años del Grupo Parlamentario Socialista. Se supone que tal día como hoy, hace cien años, se formó en la Carrera de San Jerónimo el primer grupo del PSOE. Como ocurre con casi todo lo socialista, es falso. La fecha que se conmemora es la de la primera vez que un diputado del PSOE logró un escaño. Y lo alcanzó porque el partido se presentó en lo que se llamó la "conjunción" con los republicanos.

Por aquel entonces, el PSOE era un partido marxista revolucionario que, por medio de su sindicato UGT, le disputaba a los anarquistas el encabezamiento de la revolución. No era lo que se dice un partido moderado, pero al menos Pablo Iglesias era un obrero de verdad porque todavía no se habían inventado los sindicalistas liberados.

Los discursos conmemorativos han estado muy bien, tanto por lo que han dicho como por lo que han callado. Por ejemplo, nadie ha celebrado que el PSOE fue aliado del dictador Primo de Rivera. Tampoco han contado que su alianza con el reformismo burgués para traer la Segunda República era un movimiento meramente táctico a la espera de desencadenar la revolución proletaria que esperaban encabezar tras desembarazarse de los anarquistas. No han recordado el levantamiento que en 1934 promovieron contra esa misma Segunda República de la que hoy se dicen herederos y que trataron de destruir prácticamente desde sus comienzos. Nada han dicho de la revolución iniciada a partir de las elecciones de febrero de 1936, ni de las constantes llamadas a la Guerra Civil de Largo Caballero. Tampoco han hablado de las vacaciones que el partido se tomó durante la dictadura de Franco, ni se han congratulado de que el partido es hoy lo que es gracias a la financiación de potencias extranjeras temerosas de que el Partido Comunista acaparara el voto de la izquierda. Y tampoco han dicho que, para poder recibir el dinero, tuvieron que renunciar a regañadientes al marxismo.

Sí han reconocido que los ideales de Pablo Iglesias siguen hoy vigentes en el partido socialista, que es tanto como decir que siguen creyendo en la revolución marxista, que es en lo que creía el tipógrafo. Pero lo mejor, como siempre, ha sido cuando les ha dado por mentar la soga en casa del ahorcado. Bono ha afirmado que "somos y debemos seguir siendo una mayoría de cemento de fortaleza", que muy bien podía haber dicho "de cemento de ático del barrio de Salamanca". Y Alonso ha acusado a Aznar y a Bush de ser los "autores intelectuales de la crisis", olvidando lo interesante que sería saber quiénes fueron los autores intelectuales del 11-M, que son quienes les pusieron donde hoy están y que seguimos sin saber quiénes fueron porque ellos se niegan a investigarlo.

Tampoco han tenido empacho en invitar al ministro socialista que fue condenado por secuestro, que francamente no es una acción muy democrática, aunque sí muy leninista y no digamos estalinista.

Y como traca final, se les ha aparecido quien presidió el Gobierno de los GAL, Felipe González en persona. Viene el hombre de llamar necio a Zapatero por rectificar un día sí y otro también. Y ahora, por ser conciliador, se ha dejado caer en el Congreso de los Diputados a decirle que, cuando el país y el partido están en dificultades, él se siente "más disponible". Como diría Revilla, éste quiere volver. Y éstos son los que han de sacarnos de la crisis.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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