Cuestión de prioridades

Emilio Campmany

Las circunstancias que han rodeado el derribo del caza ruso en la frontera turco-siria no están del todo claras. Ankara ha admitido haberlo abatido con los F-16 del Ejército turco que salieron a su encuentro tras haber sido repetidamente advertido de que estaba violando el espacio aéreo turco. Sin embargo, los responsables del derribo podrían ser los rebeldes turcomanos que, con respaldo de Ankara, operan en el lado sirio contra el Gobierno de Bashar al Asad. También llegan noticias de que los dos pilotos rusos, después de haber logrado abandonar el avión en paracaídas, han sido muertos por los rebeldes al llegar a tierra. Resulta pues difícil de creer que el avión violara el espacio turco y que al ser derribado sus pilotos cayeran en el lado sirio controlado por los rebeldes.

Es sabido que las operaciones que conduce Putin en Siria están más dirigidas contra los rebeldes que se han levantado contra el despótico Gobierno de Asad que contra el Estado Islámico. Tales rebeldes tienen el respaldo de Turquía y Estados Unidos. Tras el derribo del avión comercial ruso con una bomba colocada por terroristas del Estado Islámico, Rusia se ha unido a la campaña contra las posiciones que la organización terrorista tiene en Siria y en Irak. Pero eso no es incompatible con que Putin siga ayudando a Asad a derrotar a los rebeldes. Esta ayuda tenía desde el principio el obvio peligro de que se produjera algún choque entre turcos y rusos. De hecho, no es la primera vez que Ankara se queja de las violaciones de su espacio aéreo por parte de aviones rusos.

La gravedad del incidente estriba en que se produce en medio de una ola de atentados del Estado Islámico, y lo ideal para nosotros sería que Ankara y Moscú estuvieran uniendo sus fuerzas para derrotar a la organización terrorista. Sin embargo, hay que recordar que Turquía y Rusia llevan combatiéndose desde que el Principado de Moscú se convirtió en una gran potencia a mediados del siglo XVI, cuando otomanos y rusos empezaron a disputarse las orillas del Mar Negro. Tampoco debe olvidarse que los rusos cristiano-ortodoxos se consideran herederos del viejo imperio romano de Oriente y por tanto con derecho a recuperar Constantinopla y hacerla su capital. A esta ambición de fundamento religioso se une otra de naturaleza estratégica que persigue controlar el Bósforo y los Dardanelos, por ser éstos la única salida que tienen los barcos rusos al Mediterráneo. Con semejantes antecedentes, ningún incidente ruso-turco puede ser tomado a la ligera.

Por razonables que nos parezcan los motivos de Turquía para apoyar a los rebeldes y por deleznables que se nos figuren los de Rusia para defender a Asad, lo prioritario desde el punto de vista europeo es que todos, incluidos turcos y rusos, se concentren en combatir al Estado Islámico. Si eso ha de implicar por el momento la supervivencia de Asad, no habrá otro remedio que pasar por ella.

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