Financiación autonómica

Cuestión de bemoles

Emilio Campmany

Zapatero ha sentido la llamada de la sangre leonesa que corre mal que bien por sus venas y, con ese mohín de niño mimado que le sale cuando se le agota la mucha paciencia que tiene, le ha dicho al compañero Montilla que no. Que no habrá pacto de financiación con Cataluña hasta que no haya acuerdo con el resto de las autonomías, y que ya se las apañará él para que, sin perder el Estado el control del cincuenta por ciento de los recursos, todas las autonomías ganen más. Naturalmente, Zapatero promete lo que no puede cumplir, pues la tarta de la financiación autonómica no puede estirarse como un chicle y si se le da más a Cataluña será a base de dar menos a Extremadura y viceversa.

Que Zapatero prometa lo que no pude cumplir ya no es algo que en él sea maravilla. Lo que hay que recordar es que Montilla dijo que, si bien quería mucho a Zapatero, quería más a Cataluña. Una forma un poco cursi de amenazar con que ordenaría a los diputados del PSC votar en contra del Gobierno los presupuestos de 2009 si Zapatero no se avenía a dar lo que hace dos años prometió que daría.

Nos hallamos pues en trance de ver si Montilla tiene lo que hay que tener para enfrentarse a Madrid. Si no lo hace y permite que Zapatero le posponga el acuerdo sobre financiación autonómica ad calendas grecas, sus aliados en el tripartito pueden sentirse obligados a romper el acuerdo con un PSC que, con los hechos, demuestra querer más a Zapatero que a Cataluña. Claro que a los chicos de la Esquerra y de Iniciativa tampoco se les ve muy sobrados de bemoles como para enfrentarse a un Montilla que continúa siendo el que guarda en su mandil la llave de la despensa.

La mayoría cree que el de Iznájar no tiene el valor de romper la baraja para castigar la traición de su jefe en Madrid. Pero, ¿y si el verse “maragallizado” de esta vil manera le hace perder el seny y con un par manda a paseo al acaramelado leonés y le niega el voto de sus 25? La crisis adquiriría tintes dramáticos, pues no sólo sería evidente que el Gobierno carece de apoyos suficientes en el Parlamento para sacar adelante sus proyectos, sino que, al demostrar el PSC ser un partido distinto del PSOE y que no tiene por qué atender a la orientación del voto fijada por Ferraz, resultará que el verdadero vencedor de las elecciones de marzo de 2008 no fue el PSOE, sino el PP por 154 a 144 (=169-25) escaños.

Mientras tanto, en Génova deberían reflexionar acerca de si es bueno para el PP de Cataluña imitar esa estrategia que al PSC le dio en las últimas elecciones esos 25 escaños tan escurridizos. Así que no estaría de más que renunciaran de una vez a ese proceso de “nacionalización light” que le han encargado a Alicia Sánchez Camacho pensando que  ya se ve que el éxito consiste en lograr que el partido en Cataluña, a base de hacerse nacionalista, sea otro partido.

Al fin, sólo falta saber si Montilla tiene los bemoles necesarios para hacer evidente que eso precisamente es lo que ha ocurrido con el suyo.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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