Guantánamo

Cuatro alhajas

Emilio Campmany

En Guantánamo hay tres clases de prisioneros. Unos son aquellos de los que se poseen pruebas suficientes para condenarlos en los tribunales ordinarios, ya sean civiles o militares. Otros son los que, aun sin pruebas legales contra ellos, se sabe que son peligrosos terroristas y es imperioso evitar su liberación. Y a la tercera pertenecen los cleared for release, que no se consideran extremadamente peligrosos y contra los que no hay pruebas que puedan emplearse en un tribunal o las que hay sólo permitirían obtener condenas leves que se tendrían por ya cumplidas. En general, son terroristas capturados en los campos de entrenamiento o pertenecientes a células terroristas de los que se sabe que no han cometido ningún acto terrorista antes de haber sido hechos prisioneros o que han cometido alguno, pero sin víctimas mortales. La imposibilidad de juzgar a estos prisioneros con arreglo a las leyes de EE UU se debe básicamente a que desconocen el delito de pertenencia a organización terrorista, que nosotros incorporamos a nuestro Código Penal para poder condenar a los etarras a los que no era posible probar la comisión de ningún delito concreto.

En la tómbola de presos que está organizando Obama, nos han tocado 4 que al parecer han sido cleared for release. Los medios españoles destacan la suerte que hemos tenido. Para engañarnos, nos traducen la expresión como equivalente a "libre de cargos". Sólo El País la traduce de forma distinta diciendo que clear (sic) for release significa "limpio para liberar", como si los presos hubieran sido duchados a conciencia para poder soltarlos.

Normalmente, las imprecisiones son causadas por la ignorancia, pero es imposible que todos los medios de masas cometan los mismos errores por padecer la misma supuesta ignorancia. Todos saben, o intuyen al menos, que cleared for release, no significa "libre de cargos". Y no puede significar eso porque los presos de Guantánamo no son delincuentes susceptibles de ser acusados de ningún cargo, sino prisioneros de guerra. Es precisamente esta calificación, la de prisioneros de guerra y combatientes ilegales, la que la izquierda y los medios tanto han criticado. Nadie, ni en los medios ni en el PP, se ha atrevido a denunciar la realidad, que lo que Obama nos manda son terroristas.

Lo que el Gobierno teme es que los expedientes enviados por la administración norteamericana contengan pruebas de que los cuatro presos formaron parte de al Qaeda o de cualquier otra banda. Si fuera así, podrían ser acusados y condenados en España por pertenencia a organización terrorista por muy cleared for release que hayan sido calificados en Guantánamo. Por eso, el Gobierno oculta los datos de esos expedientes, lo cual entra dentro de lo que de él cabe esperar. Lo que no es de recibo es que los medios, incluidos los de la oposición, y la oposición misma ayuden al Gobierno a ocultar estos datos a la opinión pública española.

El PP tendría que pedir copia de los expedientes y negarse a que estas alhajas sean acogidas en España mientras no se le entreguen o resultara que pertenecían a al Qaeda o a cualquier otra organización terrorista islámica. No lo harán, pero para eso están los periodistas de investigación, para averiguar qué dicen esos expedientes. Y para eso están las asociaciones de víctimas, para denunciar ante los tribunales a los terroristas.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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