¿Cuál es el verdadero rostro de Ciudadanos?

Emilio Campmany

Tengo la impresión de que lo que está pasando en Sevilla no es más que la representación de una comedia que tiene por finalidad ocultar la realidad de lo que ocurre. Nos están contando que Susana Díaz está desesperada por ser investida presidenta de la Junta de Andalucía, temerosa de que en unas segundas elecciones sus resultados sean aún peores de los que obtuvo en marzo. Que pretendió que la oposición la invistiera a cambio de nada en consideración a la estabilidad y fracasó. Que el PP le ofreció el pacto de la lista más votada y que lo rechazó porque eso garantizaría la continuidad del PP en la mayoría de los grandes municipios andaluces. Que luego negoció con Podemos y tampoco llegó a un acuerdo por las disparatadas exigencias de los nuevos comunistas. Y que finalmente, tras ceder en lo de Griñán y Chaves, está a punto de alcanzar un acuerdo con Ciudadanos comprometiéndose a ejecutar una serie de medidas contra la corrupción impuestas por este partido. Con esto, Albert Rivera espera ganar votos en futuras elecciones demostrando que es un partido que facilita la gobernabilidad imponiendo la regeneración desde dentro.

Esto es lo que nos cuentan. Y no hay quien se crea una palabra. Para empezar, ¿tiene sentido que Susana Díaz proponga una reforma legislativa que favorezca a la lista más votada cuando acaba de rechazar un pacto en ese sentido? ¿Hasta dónde se ha apeado Ciudadanos que no se haya apeado Podemos? Las exigencias de los dos se parecen mucho al humo y son bastante evanescentes. La única real diferencia entre pactar con unos o con otros es que con Podemos basta su abstención, mientras que con Ciudadanos es necesaria también la de IU. Y que el PSOE haya cedido en lo de Griñán y Chaves lo dirán de broma, porque todavía no les he visto perder el aforamiento y desfilar por el juzgado de la juez Alaya. Y si no es para eso, ¿para qué pedían los nuevos partidos regeneradores aquella dimisión? Y luego está la evidencia de que apuntalar al PSOE andaluz en el poder equivale a desmentir cualquier voluntad de regeneración. Los votos que obtuvo Ciudadanos son votos contra la casta. ¿Cómo puede esperar Albert Rivera que sus votantes se alegren de ver cómo salva al PSOE andaluz, casta quintaesenciada, y a su sistema clientelar?

Lo único que cabe imaginar que pueda estar ocurriendo detrás de bambalinas, focos y tramoyas es que Ciudadanos no ha venido a regenerar nada sino a evitar a toda costa que gobierne Podemos. Es decir, a salvar a la casta de sí misma. Apoyará al PSOE o al PP según sean los resultados donde sea necesario tras ofrecer a los indignados que no son de extrema izquierda una opción de centro que no pretende, como Podemos, subvertir el sistema. Y justificará su colaboración diciendo que gracias a ella el sistema se ha limpiado y los dos grandes partidos se han regenerado. ¿A que huele fatal?

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