Cataluña

Contra el diálogo

Emilio Campmany

Ha sido recibido con general satisfacción el discurso que este sábado ha pronunciado Rajoy en Barcelona. Pedro Jota lo califica de "estupendo". El editorial del periódico que dirige dice que "es de agradecer que Rajoy elevara el tono general de sus críticas". Victoria Prego, en el mismo medio, califica el discurso de "firme y pegado al muro de la legalidad pero ofreciendo al mismo tiempo el diálogo". Curri Valenzuela, en el ABC, titula "El mejor Rajoy" para decir que ha terminado con los argumentos de quienes le acusaban de ser demasiado tibio, pero también tendrán que sentirse orgullosos los que abogaban por una respuesta dialogante. La Razón lo clava con su editorial, "Firmeza y oferta de diálogo". No entiendo las alabanzas. Unos pueden valorar lo conciliador del discurso y otros la supuesta firmeza. Pero, alabar las dos al tiempo es un oxímoron. Difícilmente puede ser firme quien ofrece diálogo y poco dialogante le cabe ser a quien muestra firmeza.

En cualquier caso, lo que no puede en ningún modo alabarse es la oferta de diálogo. Supongan que finalmente Mas y Rajoy dialogan. Imaginen que, a consecuencia de ese diálogo, se pacta una "mejora de la financiación", por utilizar las palabras de Rajoy. Figúrense que esa "mejora" implica más dinero para la Generalidad, que es la única forma de que Mas la aceptara, y que, a consecuencia de ello, éste renuncia por el momento al referéndum de independencia. ¿Es eso firmeza?

A la propuesta de referéndum sólo cabe responder impidiendo que se celebre con todos los medios que la ley ofrece o aceptar su celebración imponiendo una pregunta clara. Algunos dirán que Rajoy se ha decantado por lo primero al acusar al presidente catalán de querer "saltarse la ley a la torera" y decir luego "yo no me voy a saltar la ley". Pero, fíjense bien que no ha dicho "yo voy a hacer que la ley se cumpla", sino simplemente que él la va a acatar. Y no se trata de que la cumpla Rajoy, sino de imponérsela a Mas.

Con quien se salta la ley o amenaza con hacerlo no se dialoga, se le aplican las normas, incluidas las penales, si caben. Mucho más cuando la Generalidad, la de ahora y la de antes, viene haciendo desde hace tiempo precisamente eso, saltarse la ley, sin que nadie del Gobierno de España, incluido Rajoy, haya hasta ahora hecho nada para impedirlo. Cualquier concesión que se haga, aunque sea diálogo mediante, a quien amenaza con saltarse la ley a cambio de no hacerlo constituye una rendición del Estado de Derecho. Sólo nos faltaba la vergüenza de ver a Mas renunciando por el momento al referéndum a cambio de unos miles de millones de euros de todos los españoles dados por Rajoy. Una vez hecha la amenaza, no caben diálogos ni pasteleos. Los catalanes tienen que decidir de una vez si quieren ser españoles o dejar de serlo. Ahora, lo que decidan tendrá que serlo con todas sus consecuencias. 

A continuación