Crisis de Gobierno

Conservar el poder

Emilio Campmany

El PSOE es una máquina de poder. Como tal lucha por alcanzarlo allí donde no lo ocupa, se esfuerza por expulsar a sus socios en los sitios en que lo comparte, y se aferra a él como una lapa donde lo detenta. Cualesquiera otras consideraciones son secundarias.

Esto es una perogrullada, pero hay que tenerlo bien presente para interpretar la al parecer segura e inminente crisis de Gobierno. El felipismo, desde Felipe González a Prisa, aborrece a Zapatero y desean ver su ruina. Pero no tanto como para cruzarse de brazos mientras arrastra con ella al PSOE. También Zapatero y su cuadrilla odian a la vieja guardia felipista, pero no tanto como para no compartir el poder con ella si se convencen de que es necesario para conservarlo..

La crisis ha puesto a Zapatero contra las cuerdas y, al hacerlo, ha hecho que sea probable que el PSOE pierda cinco elecciones muy importantes que tendrán lugar en los próximos meses, catalanas, municipales, autonómicas, generales y andaluzas. Las catalanas no importan demasiado porque el PSC es demasiado autónomo y desde que llegaron a la Generalidad no han hecho más que importunar al electorado socialista de fuera de Cataluña. Donde se la juega el PSOE es en las otras cuatro. Es probable que pierda bastiones de la importancia de Castilla-La Mancha y Extremadura junto con alguna capital importante. Y luego, también las generales. Esto es ya un gran revés. Si llegan a perder Andalucía, cosa improbable, pero más fácil que nunca, el resultado podría ser fácilmente tildado de catástrofe. Naturalmente, harán cualquier cosa que crean necesaria para evitarlo.

Entre ellas, en principio no está la de prescindir de Zapatero. El presidente conserva cierto ascendiente sobre el electorado de izquierda y la desilusión infligida a los más radicales puede tener el beneficioso efecto de empujar al PSOE nuevamente al centro, donde se encuentran los caladeros de votos que hacen ganar elecciones. Durante estas últimas semanas han intentado convencer a esta parte del electorado, inclinada por naturaleza a votar a la izquierda, de que Zapatero no puede ser acusado de nada que no sea el haber sido algo ingenuo. Y que, sin dejar de ser la buena gente que siempre fue, ahora está decidido a hacer lo que hay que hacer y a prescindir de las patochadas. El Zapatero ojeroso y preocupado que vemos estos días puede ayudar a cementar esta imagen.

Sin embargo, no parece suficiente. El producto ZP carecerá de credibilidad mientras sus ministros sigan siendo la viva imagen de esa falta de consistencia que el Gabinete ha lucido durante seis años y que amenaza con hacerle perder al PSOE las importantes elecciones que se avecinan. Intentarán por tanto una amplia crisis de Gobierno donde los nuevos miembros aporten imagen de seriedad. Para ese fin, un Javier Solana en cualquier ministerio importante puede ser muy eficaz.

Sólo en el caso de que esta solución intermedia no fuera capaz de lograr que el PSOE remontara en las encuestas, se intentaría descabalgar a Zapatero con un Solana que habría tenido mientras tanto tiempo y ocasiones de ocupar unas cuantas portadas de periódicos y telediarios.

Si, por último, tampoco la operación Solana acabara de ofrecer garantías de recuperación, quizá Prisa fuera capaz de imponer su candidato, Rubalcaba, de quien El País nos promete para el próximo domingo un retrato íntimo pintado por Juan José Millás. Ya cuento las horas que faltan para poder leerlo.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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