Comunistas de brocha gorda

Emilio Campmany

Desde que Kennedy ganó en televisión el debate que perdió en la radio con Richard Nixon, el gesto de brocha gorda se ha convertido en un arma política de primer orden. Los gestos con los que los comunistas han querido obsequiar al rey no habrían tenido sentido de no haber existido la televisión, que es la única fuente de información para muchos españoles. Que las posibilidades que da el medio la aprovechen diferentes propagandistas cuyas voces de otra manera no se escucharían es perdonable. Mucho más disculpable es que los ciudadanos recurramos a la manifestación con la esperanza de ser lo suficientemente numerosos como para salir por la tele. Desde luego no lo es recurrir a la violencia para garantizar la cobertura televisiva cuando el número de asistentes ha sido tan escaso que, sin romper escaparates y sin enfrentarse a la Policía, nadie se enteraría de que ha habido una manifestación.

Tampoco lo es que unos señores que legítimamente han ganado el derecho y el deber de expresarse públicamente en las Cortes, donde se les ofrece la oportunidad de exponer con todos sus matices y en toda su extensión sus opiniones acerca de lo que desean para su país, recurran al gesto de brocha gorda. Eso es lo que ha hecho ese senador comunista que ha exhibido la bandera republicana durante el discurso del rey. Aparte la mala educación y la consentida violación del reglamento, ¿qué quería decir? ¿Que no está de acuerdo con que España sea una monarquía y preferiría que fuera una república? Es algo perfectamente legítimo. Pero, si es así, ¿por qué no presenta en el Senado, cámara de la que es miembro, una iniciativa con el objetivo de cambiar el régimen de nuestro país? Así tendríamos ocasión de saber qué clase de república desea, que es cosa que, con la mera exhibición de una bandera, no es posible deducir.

Qué quiere, ¿una república parlamentaria? A Felipe González, que seguramente sería quien la presidiría, le haríamos la pascua porque su papel institucional le impediría cargarse al PSOE, que es lo que le tiene divertido desde 1996. O a lo mejor prefiere una república presidencialista, ¿pero del estilo de la norteamericana o de la francesa? Dado que es comunista, quizá esté pensando más bien en una unión de repúblicas socialistas soviéticas o en una república castrista o bolivariana. Debería explicárnoslo en detalle en alguna de las muchas ocasiones que el ser senador le ofrece. ¿O debemos limitarnos a entender que, por exhibir la bandera de la Segunda República Española, en lo que está pensando es en una en la que la escolta del líder de los socialistas pueda asesinar impunemente al líder de la derecha?

Los españoles, a quienes en conjunto nos representa, tenemos derecho a saber qué es exactamente lo que quiere para ver si nos gusta. Sin embargo, no lo hace. Una de dos, o no sabe hablar o su proyecto es inconfesable por antidemocrático. No es descartable que concurran las dos razones.

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