Crisis institucional

Comienza el show

Emilio Campmany

Hay que irse preparando. Cuando en junio de 2010 termine la presidencia española de la UE, si no antes, la crisis institucional que desangra al país, agravada por la crisis económica, producirá, si no está produciendo ya, una aceleración de los acontecimientos que no va a haber quien levante los ojos de los periódicos ni aleje la oreja de las radios. No sería la primera vez. Ocurrió en el tardofelipismo, que no había noche que no nos acostáramos con la noticia de un nuevo escándalo, de una nueva corrupción, cada vez más increíble, o de un nuevo delito perpetrado cada vez por gente más encumbrada.

Pues bien, estamos a punto de sufrir una nueva aceleración del tempo histórico. El ambiente huele a escándalos y revelaciones. La casta política, siempre atenta a conservar la poltrona, lo huele. No hay más que ver lo nerviosos que están, como sobreactúan cada vez con más frecuencia y pierden las formas, que no los modales, porque no se puede perder lo que nunca se tuvo. Les cuesta cada vez más atenerse al guión que les dicta el partido y andan como locos tratando de ampliar su abanico de lealtades, no importa lo opuestas que puedan ser.

En las televisiones pasa lo mismo. El frenesí por fusionarse tiene que tener alguna explicación. Es verdad que con la crisis la tarta publicitaria no da para alimentar tanta boca. Pero, ¿por qué Berlusconi supedita todo a controlar los informativos de la Cuatro cuando ya tiene la oportunidad de aburrirnos con los de Tele 5? Lo de Antena 3 es todavía más incomprensible. ¿Qué estará empujando a Lara a acercarse a Roures como polilla al fuego?

Y los periódicos llevan meses dando bandazos. El País, siempre tan socialdemócrata, tan serio, tan bien hecho, tan ecuánime, ya no sabe quiénes son los suyos y arrea cada vez con más fuerza, no sólo con menos finura de la acostumbrada, sino sobre todo sin sentido de la dirección, haciéndolo como lo haría un ciego. Y en la derecha ocurre algo parecido. ABC y El Mundo siguen estando en contra de Zapatero, pero no lo están contra algunas de sus políticas o contra algunos de sus ministros. Parece mentira que el ABC quiera revestirse de seriedad a base de hacerse ecologista. Como lo es que El Mundo compense sus ataques a algunos miembros del Gobierno defendiendo con pasión de joven amante a otros sin que haya forma de explicarse por qué Rubalcaba es mucho peor que De la Vega y Salgado mucho más incompetente que Sebastián.

Y luego está lo de Garzón. Alguien se ha propuesto bajarle los humos, si no acabar con su estrella. Ese alguien no es un cualquiera. Ha logrado sacar del archivo de Botín unas cartas privadas. Mi ilustre tocayo, que es quien lo tenía más fácil, no puede haber sido porque don Emilio es socio del club y, salvo que se vea en un tremendo apuro, nunca arremetería contra otro de sus miembros. Habrá que buscar en la asociación de damnificados por el sistema quién está engrasando la máquina de desvelar escándalos.

El caso es que la tierra ha empezado a moverse y los poderosos de todo pelaje andan hormigueando para ver dónde agarrarse y poder seguir de pie cuando acaben los temblores. No se muevan de sus butacas y permanezcan atentos a la pantalla que el show va a comenzar.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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