Claro que es violencia

Emilio Campmany

Una de las pretensiones del separatismo golpista catalán es la de ser un movimiento pacífico. Tal aseveración es falsa. En una democracia, el derecho de cada cual acaba donde empieza el del otro. Para violar los derechos de los demás con violencia no es necesario asesinar ni poner bombas. Basta llegar a imponer ilegalmente la propia voluntad con violación de los derechos de quienes no están conformes con ella. La imposición a otros de un resultado contrario a la ley es violencia. La aprobación de unas supuestas leyes privando a parte del Parlamento de los derechos que el propio reglamento de la cámara reconoce a los grupos que no son independentistas es violencia. Impedir la aplicación de la ley, evitar la obtención de las pruebas de un delito, obstaculizar la acción de la Policía y de los jueces es violencia.

Por si estas consideraciones no bastaran, está lo ocurrido durante la huelga general convocada tras el supuesto referéndum de independencia. Los piquetes obligaron a varios negocios, industrias y empresas a cerrar ese día en contra de su voluntad. Eso se hizo con violencia. Cortar carreteras, quemar neumáticos e impedir el libre tráfico de personas y vehículos es asimismo violencia, mucho más cuando en algunos casos se hizo bajo el amparo de la fuerza pública regional. Es más, precisamente porque se hizo bajo la protección de esa fuerza fue especialmente violenta. Porque la sola presencia de la Policía implica la amenaza de emplear la fuerza contra quienes pretendan resistirse a la violación de sus derechos. Y la amenaza del uso de la violencia, aunque no llegue a utilizarse porque el agredido se avenga a hacer lo que el violento desea, es también violencia.

También es violencia el odio o la incitación al odio. Acusar a un ciudadano, no digamos a un niño, de ser reo de traición por no secundar los deseos de los independentistas es violencia. Como lo es rodear los cuarteles u hoteles donde pernoctan policías y guardias civiles para insultarles, amedrentarles, señalarles y acusarles de emplear ilegítimamente la violencia para justificar la que pudiera dirigirse contra ellos. Y es cierto que los agentes habían recurrido a la violencia, pero lo hicieron legal y legítimamente al tratar de imponer una decisión judicial adoptada con todas las garantías legales y que algunos ciudadanos trataron de impedir. Esa resistencia también es violencia.

Podría ser el caso de que el pueblo catalán sufriera una opresión tal que, con independencia de lo que digan las leyes, el recurso siquiera moderado a la violencia estuviera moralmente justificado. Pues que los separatistas defiendan el innegable empleo de la violencia al que habitualmente recurren con ese argumento. Pero que no nos digan que sus protestas son pacíficas porque en absoluto lo son. Lo que hacen es arteramente restringir, no eliminar, el empleo de la violencia para disfrazar de pacíficas acciones que en realidad no lo son. Si lo parecen es porque llevan años desarrollándolas sin que el Gobierno de España haya hecho nada para impedirlo. Pero claro que es violencia.

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