Accidente de la delgada del Gobierno

Cifuentes y la izquierda

Emilio Campmany

En una película que aquí se estrenó con el título de Candidata al poder, Joan Allen, que interpreta a una cándida senadora demócrata, se niega a contraatacar con los mismos sucios medios que emplea contra ella el malvado Gary Oldman, republicano él. La izquierdista basa su negativa en que ellos, los demócratas, no pueden recurrir a esos métodos porque son mejores que los republicanos. Un asesor presidencial, también demócrata y con mucha más experiencia, la saca del error y le dice: "no somos mejores que ellos". En todas partes, pues, hay izquierdistas convencidos de que son mejores por el mero hecho de ser de izquierdas. Sabemos que en la piel de toro ese complejo es ya un clásico. Un reciente artículo de Daniel Rodríguez Herrera lo denuncia muy bien.

Pero, ¿y los de derechas? También ahí se ha pecado de complejo de superioridad, aunque no en el orden estrictamente ético. Creyeron que los suyos gestionaban mejor, estaban mejor preparados y eran mucho más honrados, no por superioridad moral, sino porque no necesitaban la política para ganar dinero. A la vista de cómo gestionan, de cómo rellenan las listas con enchufados y enchufadas con o sin apartamento en Biarritz y de lo que está saliendo del caso Bárcenas, quizá debería venir algún correligionario a explicarles que no, que los dirigentes de la derecha no son mejores que los socialistas.

Pero siempre hay una izquierda dispuesta a desmentirlo y demostrar que, por malos que sean en la derecha, ellos son peores. Después de la visita de cortesía dispensada por Elena Valenciano a Cristina Cifiuentes, parte de la izquierda, encabezada por Llamazares, uno de los líderes de los comunistas con los que el PSOE gobierna en Andalucía y espera gobernar España, reacciona del modo en que lo ha hecho. El último acto ha sido la manifestación sindical a las puertas de La Paz pidiendo que trasladen a la delegada a un hospital privado. ¿Es capaz la derecha de tanta bajeza? Quizá, pero de momento, salvo error u omisión, no recuerdo una reacción comparable entre líderes y organizaciones de derechas estando un líder de la izquierda debatiéndose entre la vida y la muerte a causa de un accidente o por cualquier otra razón.

Cuando veo estas cosas, recuerdo eso de que cada país tiene los gobernantes que se merecen. Y si fuera verdad que nos hemos ganado a pulso este tener que elegir entre lo peor y lo pésimo, es que somos un pueblo con el alma podrida. La única esperanza que nos cabe es confiar en que el dicho no sea más que eso, un dicho sin fundamento real alguno y resulte que de ninguna manera merecemos este castigo. Ahora, que no nos lo merezcamos no nos exime de la obligación de sacudirnos a los que no lo infligen, empezando por Llamazares, si quieren, pero con todos los demás, de derechas y de izquierdas, desfilando detrás de él. Salvo quizá, por cierto, Cristina Cifuentes.

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