Casado, estadista

Emilio Campmany

Ese sanedrín de insustanciales que asesora a Casado trata constantemente de presentarle como moderado para hacerlo atractivo a los votantes de centro, a la vez que busca que sea lo bastante contundente como para conservar la adhesión del votante de derechas. La crisis ceutí, en la medida en que es una cuestión de Estado y es culpa de Sánchez, ha exacerbado la necesidad de que sea las dos cosas al tiempo. Y, al intentarlo, ha fracasado y tan sólo ha conseguido que Sánchez le acuse de desleal.

Claro que hay que apoyar al Gobierno cuando éste tenga que hacer frente a un desafío planteado por un Estado extranjero. Pero en esta ocasión son necesarios dos requisitos previos que Sánchez no ha cumplido. El primero es explicar al líder de la oposición, reservadamente si fuera necesario, qué interés tiene España en dar cobijo al líder del Frente Polisario. Lo de las razones humanitarias son una burda patraña. Ahí hay algo más. El problema puede estar en que el interés que trajo a España a esta alhaja no era en absoluto el interés nacional sino otro inconfesable. El otro requisito es que todo el Gobierno, incluidos los ministros podemitas, sean con el presidente tan leales como él pretende que lo sea la oposición.

Es inaceptable, para Casado y para cualquier líder de la oposición, sea moderado o no, respaldar al Gobierno que ha metido a España en una crisis internacional por dar cobijo a un terrorista con varias causas abiertas en España sin estar defendiendo ningún interés nacional con ello. Y es todavía más inaceptable apoyar una política que ni siquiera tiene la aprobación de todo el Gobierno. ¿O qué pretende Sánchez? ¿Que Casado le aplauda por lo que manifiesta la ministra de Defensa ignorando lo que dice la de Asuntos Sociales? Las dos son ministras y tienen al mismo presidente. O se deshace de una o destituye a la otra. Cuando se aclare, que reclame la ayuda de la oposición.

El juego de nuestro presidente consiste en tener a comunistas, golpistas y filoetarras para mantenerse en el poder y a Casado para salir de los apuros en que meta a la nación por hacer la política que le exigen sus execrables socios. Es sencillamente estúpido seguirle el juego. Lo hace desde luego Casado, como cuando apoyó con su abstención el ilegal estado de alarma de seis meses. Pero no es el único. También lo hizo Abascal cuando se abstuvo con el decreto de reparto de los fondos europeos.

Sánchez acusa a Casado de aprovechar cualquier "calamidad" para tratar de hacer caer al Gobierno. Para empezar, lo de Ceuta no ha sido una calamidad. Es el resultado de la política de Sánchez. Lo que es una calamidad es su Gobierno. Y no se puede ser leal con él mientras se asocie con quienes quieren destruir a la nación o quieren acabar con su democracia. Bajo ningún concepto. Y en ninguna circunstancia. Recuerde Casado que Ayuso no ganó por su capacidad de conjugar moderación y contundencia, sino por oponerse con firmeza a la política de Sánchez y a su modo de gestionar la pandemia, incluido el estado de alarma ilegal, frente al que el líder del PP sólo supo abstenerse.

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