Caso Bárcenas

¿Callejón sin salida u oportunidad?

Emilio Campmany

El caso Bárcenas enfrenta a toda la cúpula del PP a un callejón sin salida. Aparentemente, la cuestión se limita a saber quiénes cobraban los sobresueldos en negro y al escándalo que pudiera acarrear lo muy conocidos que pudieran ser los nombres de quienes los percibían. Pero eso es sólo la espuma del problema. La cuestión es que todos los que dirigen hoy el PP, empezando por el propio Rajoy, llevan muchos años ahí y sólo tienen una alternativa, confesar que toleraron esas prácticas o reconocer que no se enteraron de nada. Lo primero sería inaceptable y conllevaría la dimisión. Lo segundo implicaría admitir la propia incompetencia. Encima se ha sugerido que fue Cospedal la que, al poco de llegar a la Secretaría General, acabó con la práctica. Está muy bien, pero eso supone saber que existió y que, sin embargo, no se denunció.

El PSOE, algo tarde, ha olido la sangre y se dispone a querellarse y emprenderla contra el adversario político en un asunto en que tiene mucho que ganar. También parece que, dentro del PP, los hay que ya afilan los cuchillos en previsión de la sangría que se avecina. Y, sin embargo, como reconoce El País cuando advierte de que el sistema puede ser "víctima de cualquier oportunismo populista", que hasta para esto no saben alarmar sin ponerse cursis, el asunto puede llevarse al sistema por delante. Y eso afecta no sólo al PP, también al PSOE, como muy bien advirtió Felipe González desde el principio, cuando aconsejó prudencia.

En cualquier caso, si se confirma que el partido político que desde el Gobierno ha sometido al pueblo español a un brutal incremento de la presión fiscal, acompañado de un radical recorte de servicios sociales, recaudaba dinero de empresarios favorecidos por sus cargos para pagar sobresueldos en dinero negro a sus dirigentes, la crisis será brutal. Y será muy difícil que Rajoy, que es el presidente de ese partido desde 2008, que entregó la tesorería de Génova, 13 a Bárcenas, que ha ostentado toda clase de cargos en él, pueda salir ileso. Si finalmente es así, la cuestión no será si se beneficia el PSOE, el sector crítico del PP que conspira en las sombras o ambos. La cuestión será si el sistema será capaz de soportarlo. Mucho dependerá de cómo reaccionemos los españoles. Lo que no creo es que, como aconseja el periódico de Prisa, baste establecer sobre los partidos enésimos sistemas de control. Hay que regenerar el sistema, y eso no implica necesariamente caer víctimas de ningún "oportunismo populista".

(N. del A.: Un lector me hace notar un error, que en realidad es una errata: efectivamente, Rajoy es presidente del PP desde 2004, no desde 2008. Le quedo agradecido por la corrección). 

A continuación