Lucha antiterrorista

Bush versus Felipe González

Emilio Campmany

A la izquierda siempre le ha gustado mostrarse moralmente superior. Sin embargo, a veces, tanta suficiencia se hace insoportable. Cuando Al Qaeda y el terrorismo islámico decidieron declararle la guerra a los Estados Unidos y a todo Occidente, no nos dimos por enterados hasta que redujeron a cenizas las torres gemelas. Los EEUU recogieron el guante y se dispusieron a combatir a sus enemigos con las leyes propias de la guerra. En Europa apoyamos a los norteamericanos, primero con medida energía, luego a regañadientes y al final, tras ver lo ocurrido en Londres y en Madrid, dejamos sencillamente de respaldarlos.

A la izquierda no le gusta Guantánamo. Esos centenares de prisioneros de guerra (no debe olvidarse que son precisamente eso) privados de libertad sin que se formulen cargos contra ellos y sin ser sometidos a juicio les soliviantan la conciencia. No aceptan que Bush libre una guerra con sus leyes. Unas veces le acusan de que no se atiene a las mismas; otras de que, aunque se atenga, no respeta los derechos humanos; y luego de que, de todas formas, no combate eficazmente. Han llegado a sostener, como hace Simon Jenkins en un artículo publicado previamente en The Guardian y luego en El Mundo, que no nos queda otra que soportar periódicamente los ataques de los terroristas como soportamos los muertos en las carreteras.

Ocurren dos cosas: que ya no soportamos tanto muerto en la carretera, hasta el punto de que vamos a empecer a meter en la cárcel a los conductores temerarios aunque no hayan causado ningún daño, y que Bush ha conseguido que EEUU no haya vuelto a sufrir ningún ataque en su territorio. Será discutible la legalidad de la política, que lo es, aunque no tanto como parece; se podrá sugerir que se podía haber seguido otra algo más respetuosa con los derechos humanos, que también. Lo que no puede discutirse es su eficacia, que es apabullante.

Quizá a la izquierda europea y española eso le da igual. Puede que de verdad estén dispuestos a obligarnos a soportar cuantos atentados quieran cometer contra nosotros con tal de tener la certeza de que a ningún terrorista se le toca un pelo. Si fuera realmente así, con ser estúpido, sería coherente. Pero es que no es así, ya que, si son ellos los que violan las leyes y los derechos humanos, bien violados están.

Y si no, por qué la Unión Europea, cuando tiene que elegir a un referente moral para presidir el comité de sabios encargado de repensar Europa, elige a Felipe González, sospechoso de crear o de permitir que en su gobierno se creara el GAL para combatir a la ETA con sus mismas armas, esto es, con atentados terroristas; una "política" que, además de violar los derechos humanos, resultó ser totalmente ineficaz.

Y no sólo, sino que Zapatero le ha pedido al ex presidente que se implique en la campaña electoral, lo que prueba que el personaje conserva atractivo entre nuestra izquierda.

Y, sin embargo, es a Bush al que acusan de ser malo y tonto. Pues si Bush es malo, cuando lucha contra el terrorismo con las leyes en la mano, y es tonto, cuando ha logrado que no haya más atentados islamistas en EEUU en seis años y medio, qué puede decirse de un Felipe González. ¡Y pretenden darle a la Iglesia lecciones de moral!

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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