Garzón

Bono II, el Cursi

Emilio Campmany

Yo no sé qué pasa, que cada vez que alguien se arrima a Garzón con afecto empiezan a salirle cursilerías por la boca a borbotones. Ya le pasó a Pilar Urbano con aquel libro que tituló El hombre que veía amanecer, que parece que no se pueda ser más cursi. Pues se puede, sobre todo si de lo que hay que hablar es de Garzón y a favor. Eso es lo que le ha pasado a José Bono. Los de El País nos han hecho el favor de pedirle un artículo a Bono (Bono II, porque Bono I es el de U2) a favor de Garzón. La pieza es antológica por muchos motivos.

Para empezar, como ocurre a veces cuando se quiere homenajear a alguien, deja regular parado al homenajeado. Muchos, cuando quieren hablar bien de alguien, temen ser empalagosos y les gusta matizar el halago, pero tanto lo matizan que, al final, el agasajado termina a los pies de los caballos. Eso es lo que le ha pasado a Bono, que al contar la trayectoria de don Baltasar lo que acaba describiendo es la peripecia de un juez que utiliza su poder para sus venganzas personales. Así cuenta el presidente del Congreso el retorno del magistrado a la Audiencia Nacional: "Luego te incomodaste. Razones tenías, pero la verdad es que eres un poco enfadica. (...) Nos peleamos bien peleados y, desde luego, yo me quedé con Felipe y con PSOE. Tú te fuiste con un sonoro portazo que hizo felices a bastantes de los que hoy te quieren meter preso. Lo que hiciste con nosotros fue muy duro. Te fuiste al Juzgado y empezaste a darnos cera". No puede decirse que, tratándose de un juez, sea ejemplar la conducta que describe Bono.

Pero no conforme con eso, le da la razón a quienes le acusan de prevaricar en la causa contra Franco: "Estoy seguro de que los que te quieren mal tendrán abogados y cómplices para pedir tu condena, pero yo no tengo ninguna razón para callar ni para evitarme una pregunta: ¿Tu suerte hubiera sido la misma si tu empeño hubiera caminado ideológicamente en sentido contrario? ¿Te habrían denunciado si hubieras abierto diligencias contra Azaña, o contra Besteiro?". Es posible que no, pero sería igualmente prevaricador, porque Azaña y Besteiro, como Franco, están muertos y en España es ilegal proceder penalmente contra personas fallecidas. Lo que sí podía haber hecho, y no hizo, es abrir una causa contra Carrillo, que está vivo y del que hay indicios de ser responsable de 7.000 asesinatos.

Pero lo que es insufrible es el incienso cursi: "Demostraste que por muchas flores que los liberticidas corten no pueden acabar con la primavera". Que venga Pilar Urbano a superar este monumento, qué digo monumento, este himno a la cursilería. Porque quizá deba tolerarse que uno se apañe un patrimonio estando en política, pero lo que no se puede aguantar de ninguna manera es ser tan cursi como para ahogar a nadie entre tanto almíbar.

Luego, tan sólo peccata minuta. Dice de los que acusan a Garzón que son unos "desalmados que encuentran fórmulas para impostar la decencia de la que carecen". Es la voz la que se imposta, no la decencia. Poca cosa para dejar de ser Bono II, el Cursi y convertirse en Bono II, el Cruel. Con el idioma, se entiende.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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