Cebrián

Belleza efímera

Emilio Campmany

Hay que ver lo bien que estamos. Antes, cuando padecíamos una crisis institucional, Ortega y Gasset nos largaba un pestiño. Ahora, tenemos la suerte de contar con la luz que sobre cualquier problema de vez en cuando arroja Juan Luis Cebrián. Sin embargo, en esta ocasión, dado por conocido su saber, el insigne académico ha preferido no desangrarse en la idea y solazarse con la forma para demostrar su arte. Una insensible bestia, de las que campan por la piel de toro, diría que el artículo no dice nada, sólo que la solución para lo de Cataluña es la España federal. Y es verdad que el autor, tras su propuesta, no dice cuántos estados federados tendría que tener España ni qué competencias disfrutarían y si serían las mismas para todos.

Pero amigo, en la estética, el artículo brilla por sí solo. Ahí es donde sale el académico de raza, dueño del castellano, artesano del lenguaje, virtuoso de las palabras. Un ejemplo: "Barata o cara, la independencia, en este caso de Cataluña, se ha adueñado del debate político en los últimos días, desde que una enorme manifestación popular la demandara y el propio presidente de la Generalitat se sumara al reclamo, aún sin verbalizar el término". Y es que sumarse a la "reclamación" suena tan vulgar. Es mucho más musical sumarse al "reclamo". Que reclamo sea lo que emplean los cazadores para atraer a las aves es irrelevante, pues Cebrián hará que en la próxima edición del diccionario sea sinónimo de reclamación, y todos, no sólo él, hablaremos de los reclamos de los nacionalistas catalanes.

Hay más aportaciones. Por ejemplo: "La voluntad de autonomía de los ciudadanos catalanes no es una impostación ni un invento ideológico". Aquí, por el contrario, dudo humildemente de que impostación mejore a impostura. No es sólo que sean los cantantes los que hacen una impostación cuando impostan la voz, que eso lo arregla Cebrián haciendo que signifiquen lo mismo. Es que a mí me parece que impostura suena mejor. En todo caso, es obvio que el maestro cree lo contrario, y no seré yo quien le afee la conducta. A partir de ahora, cuando Mas pida muy campanudo la independencia diremos, no que no es una impostura, sino que no es una impostación, y a quien no le guste, como a mí, pues que se fastidie.

Aparte las aportaciones semánticas, hay frases de una belleza arrebatadora. Es verdad que a veces el significado es incierto, pero sucede como cuando se lee a Eliot, que no se entiende, pero qué bonito es. Un botón de muestra: "Tampoco los representantes de estos [de los catalanes] contribuirán eficazmente a construir en España el estado plurinacional que anhelan trocando el optimismo burgués por el victimismo agraviado". Lo de trocar el optimismo burgués por el victimismo agraviado es tan delicado y lírico que sólo podría habérsele ocurrido a un alma cándida y sensible. Que no se sepa qué significa es lo de menos. La belleza por encima de todo. Lástima que sea tan efímera como el papel prensa.

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