Garzón

Baltasar sin puñetas

Emilio Campmany

Si todavía se publicara La Codorniz y uno de sus humoristas hubiera inventado una entrevista a Baltasar Garzón, no le habría salido tan desternillante como la publicada por El País. Hay que ver en lo que queda este hombre sin puñetas. El mérito, naturalmente, ha de atribuirse al propio ex juez, pero la entrevistadora también ha puesto su granito de arena cuando, queriendo ser obsequiosa, califica la retahíla de nuevas actividades del ex magistrado de "delirante".

Pero quien está cumbre es el propio Garzón. Para que veamos que se le quedó algún latinajo de su época de estudiante, dice que la defensa de Assange la asume pro bono, o sea pro bono publico, que él cree sinónimo de gratis total, pero que no es exactamente eso. No deja de ser una novedad que Garzón haga algo pro bono publico en vez de pro domo sua. Para justificar tanto desprendimiento explica que cree en la inocencia y en la causa de Assange. Debe de ser que fantasea con que es Humphrey Bogart uniéndose a la lucha de Victor Laszlo. Será por eso que dice que "a mí me han jodido, eso está claro", que es una frase digna de Rick. Luego, le parecerá fenomenal que pinchen las conversaciones que tenga con su defendido, que es lo que él ordenó hacer con los procesados de la Gürtel.

Por momentos resulta lapidario, como cuando dice: "Sé que hay malos jueces y fiscales que anteponen su ideología y su propio interés al de la justicia". Nosotros también lo sabemos.

Tampoco es manca la idea de que, como "el poder judicial reside en el pueblo, tendría que ser el pueblo el que eligiera" a los miembros del CGPJ. Seguro que está convencido de que el más votado sería él. Algún alma caritativa debería explicarle que es la Justicia la que emana del pueblo y no el poder judicial lo que reside en él.

Sólo nos faltaba que los partidos presentaran, además de sus candidatos al Congreso y al Senado, los que tengan para el Consejo del Poder Judicial. También es buena la de hacer de los delitos económicos y financieros crímenes contra la humanidad. Si así lo hubiéramos promulgado le habría dado tiempo a investigar la quiebra de Lehman Brothers y se hubieran enterado en Wall Street de lo que vale un peine.

Luego se ve que su competencia como abogado no es superior a la que tenía como juez. La ingenua entrevistadora le pregunta acerca de qué le parece que Assange revelara las identidades de varios activistas de los derechos humanos. Al parecer, Garzón ignora este aspecto del caso, pues contesta: "No he hablado con él de esas publicaciones en concreto. Se lo preguntaré. Habría que analizar cuál ha sido el riesgo y si se ha producido alguna incidencia". O sea, ni idea. El pobre Julian Assange no sabe en qué manos se pone.

Con todo, falta lo mejor. Preguntado sobre si piensa volver a la política, contesta: "Lo voy a pensar". Ojalá.

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