Aquí Ferraz, ¡esto es El Álamo!

Emilio Campmany

Lo que está pasando en Ferraz es para partirse la caja. Encorajinados por haber Sánchez recurrido a Pablo Iglesias para que pinchara el globo a los barones rebeldes que gobiernan en sus regiones, diecisiete incautos van y dimiten. Lo hacen convencidos por un leguleyo de tres al cuarto y un estratega de pitiminí de que tal dimisión conlleva legalmente el cese del secretario general. Sánchez, y los pocos leales que le quedan, interpretan que no hay tal. Pero, en cualquier caso, digan lo que digan los estatutos del PSOE, que en ningún caso dicen lo que los diecisiete dimitidos leen, no hay tiempo para resolver el conflicto ante los tribunales, con lo que se hará lo que diga el que tiene la manija, tenga más o menos razón.

Para que cualquier presión dimisionaria prospere, por mucho que sean González o Rubalcaba quienes la ejerzan, es necesario que el sujeto tenga un mínimo sentido de la dignidad. Y Sánchez no lo tiene. Si lo tuviera, sus estrepitosos fracasos habrían bastado para que dimitiera. Así que no se va a ir, entre otras cosas, además, porque no tiene a dónde. La única forma que tienen los barones de echarlo es por medio de un congreso. Pero no pueden recurrir a él porque, en cualquiera en el que la militancia estuviera correctamente representada, Sánchez tendría todas las de ganar. Ello se debe a que su planteamiento político es compartido por la mayoría de los militantes. A saber: nyet a nada que facilite el gobierno al PP, con Rajoy o sin él, alianza estratégica con Podemos para gobernar sumando a ella los aliados que sean necesarios, incluidos en su caso los independentistas, y, una vez ocupado el Gobierno, a repartir cargos y a vivir, que son tres días. Así que, si no es vulnerable a las presiones, si no puede perder las primarias que ha convocado porque cuenta con el apoyo de la militancia y si tiene garantizada la victoria en cualquier congreso, el único resorte que les queda a sus enemigos es el escándalo en los periódicos, que es con lo que se cargaron a Borrell. Y no parece que Sánchez tenga muchos muertos en el armario, porque, de haberlos, ya se los habrían sacado.

Según el calendario de Sánchez, espera ser bendecido por la militancia del PSOE el 23 de octubre. De forma que tiene antes del 31, en el que se han de disolver las Cortes, el tiempo justo para armar la mayoría que lo lleve a La Moncloa. Sin embargo, al ser los plazos tan estrechos y tener que celebrarse el congreso con las elecciones convocadas o la investidura formalizada, quizá no tenga tiempo más que de ser por tercera vez candidato y esperar a ver si el predicho batacazo final de Podemos le da una oportunidad. En el peor de los casos, seguiría siendo jefe de la oposición en la próxima legislatura, un logro nada desdeñable para un sujeto de estas hechuras. Aquí Ferraz: ¡esto es El Álamo! Tan sólo necesitamos ser capaces de resistir unos días.

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