COPE

Anatomía de un suicidio

Emilio Campmany

Ha sido titular de todos los medios digitales. La COPE, y muy especialmente La Mañana, se han pegado un batacazo de los de no te menees. La web de la emisora dice que conserva el segundo puesto de radios nacionales. No es así. Han perdido ese segundo puesto. El titular recurre al engaño de dar los datos haciendo media anual con las oleadas anteriores de este 2009, cuando todavía dirigían sus programas estrella Federico Jiménez Losantos y César Vidal.

La verdad es que las estrategias parvularias que emplean los medios para presentar datos negativos en forma positiva y no desalentar así a sus oyentes, televidentes o lectores tienen, por lo general, alguna gracia. Pero lo de la COPE, en esta ocasión, no la tiene porque el disfraz no puede ser más burdo. El mayor interés que tenía el EGM de este jueves era precisamente ver cuánto bajaba la COPEa consecuencia de la decisión de prescindir de sus dos figuras más conocidas. Y las pérdidas de La Mañana y La Linterna han sido históricas.

El esfuerzo de la cadena de emisoras por minimizar la debacle viene exigido por tener que mantener la apariencia de que la decisión tomada al principio del verano pasado estaba motivada por consideraciones exclusivamente empresariales. Si fueran inteligentes, no insistirían en ello. Pase que no nos cuenten la verdad, pero al menos no deberían tomarnos a todos por tontos diciéndonos que querían volver a ser normales y que la "leve" pérdida experimentada era esperada porque siempre la hay cuando se produce algún cambio importante en la parrilla. Pamplinas.

El desastre de la COPE, que afecta también a los que fuimos sus oyentes y a los que todavía lo son, es un hecho de enorme gravedad. La responsable no puede ser otra que la propietaria de la cadena, la Conferencia Episcopal. Coronel de Palma sería el "terminator" de los gestores si hubiera sido él solo quien tomó una decisión tan estúpida desde el punto de vista del negocio. Hubo, claro, otras razones.

Corre la especie de que fueron las presiones de Rajoy y de toda la dirección actual del PP las que lograron que los obispos decidieran que la emisora tenía que suicidarse. Será verdad, pero yo no me lo creo. Por un lado, no veo qué tiene Rajoy que ofrecer a nuestros obispos. Son curas, no lerdos y ven, como vemos todos, que con ser posible que Rajoy llegue a ser presidente de Gobierno, no es tan probable como él cree. Y aunque llegara a serlo, no cabe esperar de él cuando al fin mande en el BOE una política anticlerical para vengarse de que en 2009 la Conferencia se negó a echar a Federico.

El Gobierno del PSOE, en cambio, sí tiene mucho que ofrecer, que para eso es Gobierno y no ha dejado de meterle el dedo en el ojo a los católicos desde que Zapatero irrumpió en la Moncloa. Sin embargo, nada ha dado. Al menos, todavía. Educación para la Ciudadanía sigue ahí. Como lo hace el matrimonio entre personas del mismo sexo. No sólo, sino que se han abierto nuevos frentes, con el aborto, con los crucifijos de los colegios. O sea, que a día de hoy y que se sepa, los obispos no han sacado nada de la marcha de Federico y César. No me creo que lo hicieran gratis ni que se dejaran engañar. Alguna explicación tiene que haber. Veremos.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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